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Crítica teatral.- Beethoven: la solidez de Ullate

Crítica teatral.- Beethoven: la solidez de Ullate

viernes 19 de junio de 2009, 00:00h
En estas semanas de programación extraña y ecléctica en los teatros madrileños, el Gran Vía apuesta por la danza e inicia la temporada estival con “Beethoven”, un programa de Víctor Ullate.
En estas semanas de programación extraña y ecléctica en los teatros madrileños, el Gran Vía apuesta por la danza e inicia la temporada estival con “Beethoven”, un programa de Víctor Ullate. El Ballet de la Comunidad de Madrid interpreta, hasta el 5 de julio, dos piezas, una de su director y otra de Lao, con distintas partituras de Beethoven, aunque el plato fuerte es la sinfonía “Pastoral”.

Un trabajo serio
A estas alturas nadie duda de la solvencia de Víctor Ullate como pedagogo y coreógrafo. Desde que fundara su propia compañía hace ya más de veinte años, trabaja incansablemente, habiendo superado felizmente gravísimos problemas de salud. Ahora está pletórico, enfrentado, como siempre, al hecho de que sus alumnos más brillantes acaben volando fuera de su compañía. Pero eso no hace más que incrementar su cotización.

En “Pastoral” propone un viaje vital desde la adolescencia hasta la transformación de ser humano en un ente asexuado y aparentemente feliz. La coreografía es brillante y la compañía entusiasta. Se ha recuperado la sensación que provocaban anteriormente de que los bailarines salían a escena para comerse el mundo.

De los tres movimientos, el segundo es el que más me interesó. Lírico, intenso, de línea neoclásica con una excelente pareja como eje: So-Yeon-Kim y Jacob Fernández. Se tienen confianza mutua y por eso bailan limpiamente, con seguridad y pasión. Las cuatro parejas que les acompañan en algunos pasajes contribuyen a crear un ambiente de relax y emoción. Creo que fue lo mejor de la tarde.

Un espejo en el techo
El único elemento escenográfico es un gran espejo colgado del telar. Efecto muy recurrente desde los tiempos de Busby Berkeley y sus delirantes caleidoscopios de bailarines. El musical “La cale 42” (1980) lograba uno de sus momentos más brillantes gracias a un espejo que permitía ver el círculo de bailarines. Mel Brooks robó la idea para “Los productores”, reflejando esta vez el espejo una esvástica creada sobre el escenario en una de las más contundentes e inteligentes burlas del nazismo.

En “Beethoven” el gran espejo no da tanto juego, aunque en el tercer movimiento ayuda a la estética del espectáculo ante la participación de toda la compañía en la coreografía. Como aperitivo a este banquete se baila “Tres” un agradable paso a tres que queda totalmente eclipsado ante la rotundidad de la pieza principal. Ullate salió a saludar con un deslumbrante polo color amarillo-canario. ¿Desafío a las convenciones teatrales?

Libro sobre danza

Mientras sigue desarrollando su nuevo ciclo “Danza en la Villa”, el teatro Fernán Gómez presenta un cuidado libro que recoge los montajes presentados en su escenario los últimos cinco años. Coordinado por Julia Martín, es una interesante propuesta que transcribe las impresiones que producen fotografías de danza a otras personas. Cuenta con la colaboración destacada –e insólita- de Ian Gibson que escribe un extenso apartado con el título “lo que me contó una foto de danza sin danza”. Raúl Cárdenes, por su parte, recopila coreógrafos del siglo XXI, los creadores que han ganado una selección de certámenes nacionales e internacionales y que podrán constituir la “Generación 2000” de la danza española.
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