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A este matrimonio -él madrileño, ella mejicana- la lotería les tocó hace dos años en forma de piso del IVIMA

La suerte llegó de Méjico

La suerte llegó de Méjico

martes 27 de marzo de 2007, 00:00h
A Ramón y Lourdes la lotería les tocó hace dos años en forma de piso. Habían regresado de Méjico para encontrar aquí un hueco a su pequeño negocio de venta de camas electromagnéticas, un invento de este ingeniero industrial. Pero Madrid no recibió a su hijo pródigo con los brazos abiertos. cuando el mundo comenzaba a hundirse a sus pies, la fortuna les bendijo con una vivienda del IVIMA.

La suerte no sabe de razas, estratos sociales o formación intelectual, ni el IVIMA tampoco. Gracias a ello Ramón y Lourdes tienen hoy una casa de protección oficial, una casa coqueta, menuda pero acogedora, con vistas al Parque de la Ventilla y al futuro de un matrimonio que, hace dos años, ya veía sus esperanzas frustradas. Ramón Fernández, ingeniero industrial vivía bien, tenía un buen trabajo y la vida le sonreía. Su curiosidad y formación técnica le llevaron a indagar en la aparatología médica, lo que le permitió inventar una cama electromagnética para la regeneración celular.

Este madrileño se llevó su descubrimiento a Méjico, donde no sólo encontró a Lourdes, con la que rehizo su vida sentimental , sino un país "que me acogió con los brazos abiertos". Ramón quiso ver en la respuesta de los mejicanos un síntoma del éxito del invento más allá de las fronteras de este país. "Yo quería que ésto lo conocieran mis paisanos, y después de seis años en Méjico, decidimos volver a Madrid".

A su regreso las cosas comenzaron a ponerse difíciles, "le mandé una carta a la ministra de Sanidad, Ana Pastor, y descubrí que requería un trámite exigido por la Unión Europea para poder vender el aparato en España que me constaba un millón de euros", algo impensable para la pequeña economía doméstica de Ramón Fernández  y Lourdes Martínez.

"Afortunadamente vivimos de este pequeño negocio en Méjico, pero aquí apenas podemos hacer nada, tan sólo buscamos fórmulas nuevas y que nos conozcan en clínicas y hospitales privados", explica ella, mientras su esposo se acerca a una pequeña barra de bar de madera que ha colocado en el salón. "Es mi capricho", explica.

Los comienzos en Madrid no fueron lo que se dice sencillos. Desde la casa de una sobrina, recién casada, hasta una oficina "que un buen amigo tuvo a bien convertir en vivienda", en su antiguo barrio de Ciudad Lineal. Allí estuvieron varios meses, conviviendo con las desventajas de un bajo -ruido, polvo, humedades- aunque "por 300 euros al mes teníamos un hogar".

A Lourdes le gustaba el viejo barrio de Ramón, uno de esos donde la vida es menos de ciudad y más de vecindario. "Un día vimos un anuncio en televisión sobre vivienda pública y nos ocurrió entonces recurrir al IVIMA. Era un emigrante retornado sin un negocio ni un trabajo, ¿por qué no intentarlo?"

"Nos hubiéramos vuelto a Méjico"
En la oficina de Bárbara de Braganza les animaron a presentar la solicitud porque reunían todos los requisitos y aunque tuvieron que darse muchos paseos y pasar por muchas oficinas, finalmente reunieron todo y lo presentaron.  El papeleo fue tedioso pero mereció la pena, y al cabo de un año, el Instituto de la Vivienda de Madrid les comunicó la fecha de celebración del sorteo, en el cual iban a participar.

Ese día Lourdes y su marido no pudieron acudir a su cita así que, días más tarde, él se acercó de nuevo a la oficina de Bárbara de Braganza. "Entonces veo mi nombre en una lista. Estuve media hora cerciorándome de que era yo, no me lo podía creer. Llamé a mi hijo -de 24 años, fruto de un matrimonio anterior- y le digo: "Ya tenemos piso pero no le digas nada a Lourdes". Me vine hasta aquí para ver la zona. Las casas ya estaban construidas y tenían buena pinta, todo era muy nuevo, junto a este parque tan hermoso".

De los recuerdos pasa a los agradecimientos, especialmente al promotor de las viviendas. "Estoy muy agradecido al Ivima. No sé si tenía o no tenía derecho pero me seleccionaron. Fue una verdadera suerte y estamos muy muy contentos. Si no hubiesen ocurrido así las cosas habríamos tenido que volver a Méjico". Pagan una renta mensual de 260 euros por la casa y la plaza de garaje porque además de la casa obtienen una subvención.

Reconocen que les ha cambiado mil y una veces la vida y alaban las bondades del barrio, aunque son conscientes de las desventajas: "Aquí hay mucha gente a la que le sobran malos modales y les falta mucha educación". En algunos casos, esa carencia lleva a ciertos vecinos a saltarse las normas impuestas por el IVIMA en el cuidado de las viviendas. "Ponen antenas, ropa o aparatos de aire acondicionado donde no deben, pero luego no pasa nada, y si te atreves a decir algo, directamente te amenazan. Creo que en este sentido el Ivima debería hacer un seguimiento más pormenorizado de cada familia".

A parte estos inconvenientes, aseguran que tienen "muchos servicios y todo es nuevo".  Además del Parque de la Ventilla, hacia el que se abren sus ventanas, a su espalda se levantan los cuatro rascacielos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, una zona en la que tienen puestas muchas espectativas: "Cuando pasen unos años -predice Ramón- esto va a ser fantástico".

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