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El Centro de Educación Ambiental de El Campillo busca soluciones sostenibles para ir más allá del entretenimiento infantil

Un caracol para el Campillo

domingo 03 de diciembre de 2006, 00:00h
En el segundo humedal más grande del Parque Regional del Sureste, muy cerquita de Rivas-Vaciamadrid el Centro de Educación Ambiental El Campillo se reinventa a sí mismo. Sus responsables no quieren ser simples "entretenedores" o educadores. Quieren implicarse en la sostenibilidad y contagiar con sus incitativas los buenos hábitos en el cuidado del entorno. Con mucho ingenio y poco dinero han ideado auténticos artilugios que aprovechan los recursos naturales, desde aerogeneradores hasta un huerto con bancales ecológicos, uno de ellos, una espiral de aromáticas que le han bautizado como caracol.

En el vasto humedal del Campillo se esconde, desde hace seis años, un centro de educación ambiental único. Lo es por su espíritu rebelde, o al menos con esa imagen intenta presentarse a través de la coordinadora de programas, Yolanda González Blanco, que no quiere hacer de este lugar un simple rincón para el entretenimiento infantil. Nuestro objetivo es educar en la sostenibilidad a través de los valores naturales que nos rodean, introducir a los visitantes, niños y mayores, en las grandezas del Parque Regional del Sureste con diversas actividades y ejemplos de acción". El centro, que además de las visitas escolares realiza visitas guiadas todos los fines de semana, está rodeado de la gran laguna y de una extensión de tres hectáreas de un bosque de ribera, cortados, tierras de regadío y secano.

Desde unos amplios ventanales en el interior del centro se puede divisar el bello paisaje de este humead, donde las garzas, las bochas y los patos cuchara buscan bajo el agua a sus presas. Como si de una casa flotante se tratara, el edificio emerge de esta laguna "naturalizada", antaño un foso provocado por la extracción de una gravera y que, como otras muchas del Sureste ha conformado un paisaje único en Europa. "No hay en el continente una cantidad de humerales de origen artificial tal extenso, y que se haya vuelto a colonizar, con tan vasta riqueza de flora y fauna", explica Holanda.

Además de la biblioteca, la sala de exposiciones y el acogedor salón de actos, el centro presume de un curioso huerto presidido por un gran caracol: es una bancada en espiral de plantas aromáticas. Junto a él, un estanque de plantas acuáticas y otros cuatro bancales de hortalizas con productos de la huerta tan españoles como los tomates, las zanahorias o los pimientos. El huerto ecológico se completa con otra espiral de plantas medicinales y un pequeño bancal que intenta reproducir las semillas de cereales de la zona, algunos de ellos en desuso y extinción: trigo duro Camacho, avena anchuela, trigo duro camacho, avena cobeña, cebada esgueva, triticale camarma, trigo blando de Arganda. Completa el huerto un bancal de plantas tintóreas "que servirán para hacer lo propio en un taller y mostrar cómo se puede teñir la ropa con recursos naturales".

Todos estas pequeñas huertas está realizadas de paredes en crestall, pensadas para no pisar la tierra de su interior y que así esté siempre limpia y acolchada. En torno a ellas se divisan toda serie de aparatos y artilugios que aprovechan los recursos naturales -el sol- el viento y el agua- para generar energía. Uno de los generadores, tipo sabonius, se ha fabricado con un cubo de basura partido en dos o otro, hecho de aluminio, se conecta con una bomba que saca agua de la laguna para regar el huerto. Muy cerca, otro cubo negro con una especie de chimenea esconde un secadero de pimientos y unos grandes contenedores de madera, hechos con palés reciclados convierten en compost la basura orgánica que se genera en el Centro de Educación Ambiental. "Todo es obra de nuestro equipo", nueve personas con claros objetivos ecológicos.

Las actividades van desde la visita guiada al centro hasta sendas temáticas, cursos, talleres, teatro o guiñol para los más pequeños, siempre con la educación medioambiental de fondo. El centro cuenta, además, con un observatorio de aves, cantiles yesíferos, una recreación etnoarqueológica y hasta una recreación de un elefante prehistórico o cabañas reconstruidas por arqueólogos. "Nuestro objetivo prioritario -dice- es sacar el mayor partido a las instalaciones y los recursos con los que contamos, por eso intentamos trabajar con población local de municipios aledaños que es la que nos permite más continuidad en las actividades", concluye Yolanda.

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