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El palacio de los objetos cotidianos

El palacio de los objetos cotidianos

El Museo Nacional de Artes Decorativas ofrece a sus visitantes una exposición de 15.000 piezas para que puedan apreciar como han ido evolucionando nuestros objetos cotidianos desde la Baja Edad Media

martes 27 de marzo de 2007, 00:00h
Pocos museos pueden presumir como lo hace el Museo Nacional de Artes Decorativas de mostrar a sus visitantes una amplísima colección de objetos que han formado parte de nuestras vidas cotidianas desde la Baja Edad Media hasta el siglo XX. Jarrones chinos de la dinastía Ming, relojes que permiten ver la hora por la noche, enormes espejos al más puro estilo rococó o un canapé de la reina María Luisa de Parma son algunas de las 65.000 piezas que posee, de las que expone 15.000 .

Relojes de bolsillo del siglo XVIIIPese a que el Museo Nacional de Artes Decorativas tiene como sede un palacio decimonónico de cinco plantas, declarado junto con la colección como monumento histórico artístico, no dispone del suficiente espacio para presentar todas las piezas que se guardan en los almacenes. “Mediante exposiciones temporales, cediendo piezas a otros museos o exponiendo una como ‘pieza del mes’ tratamos de dar la mayor difusión posible a nuestros fondos”, comenta Isabel Rodríguez, conservadora y responsable de difusión del museo.


Una vista general del museoEl museo ha logrado reunir una impresionante colección. Desde 1912, año en el que fue fundado por Real Decreto, se han ido reuniendo (a través de colecciones privadas, compras del Estado y donaciones) los elementos más representativos de cada época y estilo. “Ahora es más complicado conseguir este tipo de piezas. Antes era más sencillo ya que muchos palacios europeos se deterioraban y sus  obras más valiosas eran compradas para conservarlas en museos, pero hoy día se suele tratar de recuperarlas en su lugar original, por lo que las colecciones que pueden adquirirse son menos numerosas”, afirma Rodríguez  mientras admira un techo artesonado trasladado desde algún palacio de la Toscana.

Ampliar las colecciones no es, sin embargo, una de las prioridades del museo. Su esfuerzo se centra más en conservar las piezas que se exponen al público. “Hay que tener en cuenta que esto es un edificio que tiene un microclima muy concreto. Tenemos medidores de humedad y temperatura para poder controlar las condiciones ambientales de modo que afecten lo menos posible a las piezas y, la verdad, funciona bastante bien, pero no es una solución definitiva. Entre nuestros proyectos más inmediatos se encuentra la climatización del palacio”, dice la conservadora.

Una cocina valenciana del siglo XVIIIPero ésta no es la única medida que se va a tomar para mejorar el museo. “Ya se está trabajando en la modernización de los carteles que describen las piezas con objeto de dar una información más rica a los visitantes. Además, la segunda planta se reformó en 2003 y ahora es la planta baja la que necesita unos arreglos”, asegura Isabel Rodríguez.

Y es que el museo busca centrarse un poco más en las piezas de mayor importancia y no tanto en recrear escenarios -en el museo puede verse la recreación de una alcoba del siglo XVI, una cocina valenciana del siglo XVIII o un salón del siglo XIX-, así como en los procesos de elaboración y los aspectos técnicos de todas las maravillas de la decoración que alberga este museo.

Un mueble papelera que perteneció a Felipe VLo que no tienen previsto variar es la distribución del museo, pensada para que el visitante pueda ver cómo han evolucionado las artes decorativas a lo largo de la historia. Así en la primera planta se recogen piezas que van desde la Baja Edad Media hasta el siglo XVII entre las que abundan tapices y alfombras; la segunda muestra obras del siglo XVII, entre ellas los tesoros del Delfín y cerámicas de Talavera; el siglo XVIII se expone en la planta tercera a través de  ‘Chinerías’ y muebles rococó, mientras que en la cuarta el siglo XIX enseña sus diseños recogidos en papeles pintados y casas de muñecas.

El siglo XX se hace esperar. Para ver sus piezas hay que volver a la planta baja. Allí muebles, tazas, jarrones e incluso un ventilador enseñan a los visitantes las ideas de un siglo dominado por la Bauhaus y el descubrimiento del vidrio como elemento decorativo y cotidiano.

Ventilador diseñado por Peter BehrensCada siglo tiene sus encantos, aunque, claro está, puedan encontrarse sillones o lámparas de araña que nadie pondría en su salón ni por todo el oro del mundo. Desde el rococó hasta el modernismo, pasando por el neoplasticismo, podemos encontrar muebles y objetos de lo más variado, aunque, como dice en broma Isabel Rodríguez, “sea la época que sea, cuando alguien entra por la puerta de tu casa sabe quién eres, y siempre ha sido muy  importante dar envidia a las vecinas”.

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