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Ocno Bianor y el dragón de la Puerta Cerrada

Ocno Bianor y el dragón de la Puerta Cerrada

domingo 29 de marzo de 2009, 00:00h
La fundación de Madrid y el origen de su escudo han sido objeto de fábulas mitos e intensos debates historiográficos entre los cronistas de la capital.
El primer mito grecorromano sobre Madrid es el de su fundación. Según explica Fray Jerónimo de Quintana en su obra 'A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid, Historia de su antigüedad, nobleza y grandeza', publicada en 1621, el héroe Ocno Bianor (algunas fuentes lo sitúan como ascendiente lejano de Rómulo y Remo, compañero de Eneas y superviviente de la guerra de Troya) recorrió la Península Ibérica y fundó la ciudad de Mantua Carpetana (posteriormente, Madrid) en el 879 a.C. Otros datos sitúan incluso la fundación en 1059 a.C. Una de las conjeturas sobre este mito es que fue utilizada como fórmula propagandística para promocionar la capital del reino después de que Felipe III se trasladara a Valladolid en 1601 y regresara en 1606.

Otro mito griego sobre el origen de Madrid fue el que forjaron López de Hoyos en 1569 y Jerónimo de Quintana en 1629. El primero detalló (y el segundo reforzó la teoría) en uno de sus relatos, al describir la Puerta Cerrada: “Entre las antigüedades que evidentemente declaran la grandeza y fundación antigua de este pueblo, ha sido una la que en este mes de Junio de 1569 años, por desembarazar la puerta Cerrada, derribaron, y estaba en lo más alto de la Puerta, en el lienzo de la muralla labrado en piedra berroqueña, un espantable y fiero dragón, el cual traían los griegos por armas y las usaban en sus banderas”.

Falsos dragones
El dragón no era tal dragón, sino una sierpe, según Mesonero Romanos, aunque los defensores del origen romano de la ciudad decían que se había situado ese símbolo porque emulaba al dios Júpiter. El historiador Carlos Cambronero apoyó la tesis de Mesonero explicando que no había base documental ni restos arqueológicos que corroborasen una presencia parecida ni que los griegos luciesen ése tipo de dragones en sus escudos.

A la serpiente le acabaron creciendo patas, garras, orejas y alas. Se convirtió en un icono de la zona. De hecho, de ella proviene la 'Posada del Dragón', situada en la cercana Cava Baja. El dragón, ser mitológico al que se enfrentó Jasón en su búsqueda del Vellocino de Oro, dio qué hablar siglos más tarde. En el siglo XIX todavía se asociaba a la ciudad. Tanto que se plasmó en uno de los techos de la Casa de la Villa y en 1822, gracias a un acuerdo de las Cortes extraordinarias, se incorporó al escudo de la ciudad como "dragón alado de oro en manteledura sobre campo azul y una corona cívica sobre campo de oro en la punta concedida por las Cortes de 27 de Diciembre de 1822 formado de trenzado de guirnalda de hojas de roble y banda carmesí".

Huésped serpentino
Según Francisco Baztán, su inclusión no llegó a efectuarse hasta 1842. El dragón se transformó en grifo de oro y continuó en el escudo del Consistorio hasta 1967. El Gobierno municipal encargó un dictamen de la Real Academia de la Historia que concretaba que sólo el oso (o la osa) y el madroño con la bordura de siete estrellas tienen valor histórico y tradicional. El serpentino huéped se cayó del escudo pero sigue encontrándose en las estancias municipales como en la fachada de la Casa de la Villa, las vidrieras del viejo y el nuevo Ayuntamiento realizadas por la Casa Maumejean, y en las columnas del nuevo salón de actos del Palacio de Cibeles.

Estos 'mitos' (y otros como que el rey babilonio Nabucodonosor se paseó por la ciudad) fueron cuestionados una y otra vez por los cronistas posteriores de la Villa. De hecho, el Semanario Pintoresco Español realizó en 1817 una narración paralela entre los anales fabulosos y los anales reales de la ciudad en la que comenta el poco criterio de los cronistas al adoptar las creencias populares y el escepticismo de los cronistas modernos.

El tercer mito clásico integrado en los símbolos de la ciudad es la inclusión de las siete estrellas en su escudo. Francisco Baztán Vergara y otros genealogistas relacionan estos astros con la estrella Polar, la constelación de Bootes y el mito de las dos Osas o del Carro, que Platón relaciona en 'Fedro' con la reencarnación y la elección de la vida que se quiere vivir.
Una razón que se esboza para incluir este mito es que la calidad del cielo de Madrid era tal que podía verse esta constelación, complicada de observar. Otro relaciona el nombre latino mítico de la ciudad, 'Carpetum' o 'Carpetana', con la figura del carro alado.
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