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Fresnedilla de la Oliva celebra su ancestral fiesta de la vaquilla

Fresnedilla de la Oliva celebra su ancestral fiesta de la vaquilla

Por MDO/Efe
martes 20 de enero de 2009, 00:00h

Fresnedillas de la Oliva celebra este martes su festividad más importante y tradicional, la denominada "Fiesta de la vaquilla", un festejo de gran colorido y participación popular del que se tiene constancia desde el siglo XVI.

Este festejo que el Ayuntamiento de Fresnedillas de la Oliva califica como uno de los más importantes de la Comunidad de Madrid y considera de gran importancia para proyectar al exterior de la comarca la imagen de la localidad, se cree, según la tradición oral, que fue presenciado por Felipe II en la segunda mitad del siglo XVI.

La fiesta se celebra bajo la advocación de San Sebastián y, según relatan fuentes municipales, es un rito de iniciación, donde los niños se convierten en mozos, pues a partir de los catorce años ya pueden participar en la fiesta. Se trata de una representación lúdica que durante toda la jornada recorre las calles del municipio y en la que la nota más característica es el sonido ensordecedor de los cencerros.

Sus principales personajes están representados sólo por hombres, mientras que las mujeres tienen una función más pasiva y son las que preparan la indumentaria de los personajes, ataviados con monos floreados, sombreros y adornos.

Unos 55 mozos del pueblo interpretan a los personajes denominados "los judíos" a quienes corresponde un papel principal en el ancestral festejo, vestidos con mono floreado, pañuelo al cuello, honda y cencerros atados a la cintura con una gran correa de cuero y que salen a tocar los cencerros por las calles del pueblo.

Desde las 00.00 horas de la madrugada de este martes, en que ha dado comienzo la festividad, los "judíos" y otros cinco personajes (el escribano, la hilandera (también llamada 'guarrona'), el alguacil o el alcalde y la vaquilla (un hombre que porta sobre sus hombros un armazón con una cornamenta), emulan la suelta de "la vaquilla" por las calles del pueblo para acometer a los presentes.

Para evitar que el alcalde y el alguacil (con sombrero de copa y traje oscuro) sean embestidos simbólicamente por el animal, los judíos intentan distraerlo, mientras el escribano, igualmente ataviado, se pasea con la hilandera (personaje también representado por un hombre) e intimidan en su paseo a los participantes.

Al final del día se procede al sacrificio simbólico de la vaquilla, atada a una farola, y se bebe su sangre (vino tinto) depositada por el escribano y la hilandera en un barreño, con lo que se da por finalizada la fiesta.

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