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Un indispensable festín cultural

Príncipes etruscos: entre oriente y occidente

Por Fernando Quesada Sanz
viernes 12 de diciembre de 2008, 00:00h
Puede que la civilización etrusca no ejerza sobre la imaginación popular el atractivo que tienen otras como la egipcia, que llegan a suscitar monomanías. Pero su aura de misterio y la belleza de sus restos son suficientes para generar un interés notable y dar lugar a eventos como esta exposición, que podemos ya adelantarlo, es magnífica.
Este carácter ajeno del mundo etrusco es explotado ya desde la misma entrada, con una referencia al conocido texto de Dionisio de Halicarnaso (1,30): ‘este pueblo… se nos revela como muy antiguo y no coincide ni en la lengua ni en la forma de vida con ningún otro pueblo…’. Y también con una concesión a lo políticamente correcto en la primera de las piezas, que abre el recorrido, una urna de terracota doble ante la que se nos advierte que los etruscos consideraban a la mujer de una forma diferente, más respetuosa y elevada que otros pueblos contemporáneos.

La exposición se articula a través de un doble recorrido cronológico y temático, que aprovecha muy bien los materiales que componen la selección, que son además reflejo adecuado de lo que la arqueología ha podido revelar sobre los etruscos. Tres grandes bloques estructuran pues su desarrollo: la presentación del nacimiento de las aristocracias en el centro de Italia a lo largo del s. VIII a.C., la época de los príncipes durante el orientalizante del s. VII a.C. y, como grueso de la exposición, el desarrollo de una cultura urbana de altos vuelos desde el s. VI a.C. y hasta finales del s. III a.C., sin entrar ya en la Etruria romanizada de los últimos dos siglos de la República romana.

A su vez, y dentro de este marco cronológico global, se van desarrollando cuestiones parciales que contribuyen a presentar un cuadro sumamente atractivo del mundo etrusco. Para ello se recurre bien a apartados temáticos (el banquete, la orfebrería, la cerámica) bien a la presentación de algunos conjuntos espectaculares y significativos (como la tumba Regolini-Galassi, el palacio de Murlo o la reproducción de la Tumba del Triclinio de Tarquinia.

No se trata de una exposición de piezas menores. Todo lo contrario. Aunque en casos muy concretos (como el hígado de Piazenza, o la tésera de hospitalidad del templo de Mater Matuta en Roma) se exponen buenas reproducciones, el conjunto es impresionante: el carro procesional de San Cerbone completo, un espléndido conjunto de la tumba Regolini-Galassi, incluyendo una espléndida patera fenicia, la placa áurea de la tumba Bernardini, las lastras arquitectónicas de Murlo, el conjunto de Hércules y Atenea de San Omobono en Roma… son todas piezas que acostumbramos a ver como indispensables en cualquier libro de arte antiguo.

Llama la atención el título elegido, ‘Príncipes etruscos, entre Oriente y Occidente’, que nos trae a la memoria el de aquella otra magna exposición, de volumen muy superior, que se denominó ‘Los Iberos, principes de Occidente’, y que recorrió hace diez años las ciudades de Paris, Bonn y Barcelona (como en este caso también bajo el patrocinio de la Fundación la Caixa). La similitud de título y el matiz del subtítulo nos sugieren mucho: la ubicación de Etruria en el Mediterráneo central, mucho más cerca que Iberia de los núcleos de civilización del Próximo Oriente y Grecia, explican también las diferencias perceptibles en la cultura material de ambos mundos, Etruria e Iberia. Ambas exposiciones, desde luego, se complementan bien.

Una vez dentro de las salas, el ambiente es agradable, con amplio espacio para circular y para dejar respirar a las piezas –aunque es una pena que las cerámicas griegas se peguen a la pared, impidiendo apreciar sus reversos-. El trazado es claro, lejos de los ámbitos indefinidos e incluso laberínticos que desorientan al espectador inexperto. Sin embargo, no podemos dejar de asombrarnos –como en otras visitas previas al Centro- de que el equipo de arquitectos y expertos de La Caixa haya permitido un acceso tan estrecho, incómodo e incluso potencialmente peligroso a las salas de exposición. Ante la estrecha puerta -propia de un piso doméstico y que da a un hueco de escaleras-, se forman incómodos atascos entre público entrante  y saliente, una sensación impropia de un centro cultural de este empaque.

Los textos que acompañan a las piezas son excelentes en contenido y su tipografía bien legible. Es un acierto su doble presentación en español y correcto inglés, dado el público multinacional que acude a la sala, aprovechando la cercanía a los grandes museos del eje Atocha-Recoletos. Los textos introductorios tienen la longitud correcta, y  a las fichas básicas de cada pieza se añaden, cuando es necesario, breves explicaciones de aquellas que necesitan tal añadido (la descripción de un mito, por ejemplo). Resulta sin embargo ocasionalmente frustrante que el texto en inglés resulte en su terminología más correcto que el español.

Así, un ‘regatón’ o ‘contera’ de lanza (spear butt en el texto inglés) aparece clasificado como ‘puntal de lanza’ (¿); un vaso geminado como ‘taza gémina’, o un casco (helmet en la ficha en inglés, y no helm) se describe como ‘yelmo’, término técnico que describe un tipo medieval específico.    Frente a una moda que a menudo camufla la escasez de de buenos materiales originales, aquí no se abusa de los medios audiovisuales. Pero aparecen cuando es necesario –como en la excelente recreación infográfica del palacio de Murlo, que ayuda bien a contextualizar los elementos arquitectónicos expuestos.

Queremos recalcar que esta exposición no acaba con el recorrido de sus salas. El pequeño folleto que puede recogerse a la entrada proporciona una muy buena impresión de lo que va a ser la visita. Pero además nos anuncia con todos los detalles necesarios la existencia de diversas visitas comentadas, actividades educativas y sobre todo de dos ciclos de conferencias que consideramos uno de los puntos fuertes del programa cultural.

El primero, dedicado a aspectos específicos del mundo etrusco, cuenta con especialistas de la talla de Marco Torelli o Miguel Ángel Elvira. El segundo, dentro del ciclo de las ‘mañanas de arte’ está impartido con sentido unitario por el Prof. Adolfo Domínguez Monedero, y constituye en sí mismo una interesante visión de conjunto de la cultura etrusca.

Este verdadero e indispensable festín cultural que es la exposición que comentamos se completa con un catálogo espléndido, equilibrado en tamaño y precio, con un repertorio de textos e ilustraciones que lo convierte en un excelente manual sobre esta civilización, útil para el especialista tanto como para el lector interesado.


Pies de foto:
1. Osario bicónico cubierto con yelmo crestado                
Tarquinia, tumba I de Poggio dell’Impicato
Principios del siglo VIII a.C.
Impasto marrón grabado; bronce repujado y cincelado
Alt. 39 cm – 36 cm   

Florència, Museo Archeologico Nazionale
©ALBUM/akg-images/Nimatallah

2. Peine Marsiliana d’Albegna, necrópolis de la Banditella
Segundo cuarto del siglo VII a.C. Marfil tallado y grabado
grabado Alt. 9,5 cm; long. 11 cm
Florència, Museo Archeologico Nazionale
©Soprintendenza per i Beni Archeologici della Toscana

Fernando Quesada Sanz, UAM 


Lugar: Caixa Forum Madrid. Paseo del Prado, 36. 28014 Madrid
Fechas: Hasta el 18 de enero de 2009
Horario: De lunes a domingos de 10.00 a 20.00 h. día 25 de diciembre, 1 y 6 de enero cerrado.  
Enlace: Príncipes Etruscos. Entre Oriente y Occidente
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