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Teatro Calderón
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Teatro Calderón (Foto: Antonio Castro)

Un teatro (casi) centenario

miércoles 19 de agosto de 2015, 11:06h
Al madrileño teatro Calderón, le faltan 22 meses para ser centenario. Se inauguró el 18 de junio de 1917 con la ópera ‘Manon’, de Massenet, bajo la dirección de Luis París. Levantó el telón con el nombre de teatro Odeón, que le duró poco más de un año. En 1918, al ser adquirido por el Centro Hijos de Madrid, pasó a ser el teatro del Centro. Seguramente las iniciales TC que aparecen en distintos elementos decorativos, correspondan a este nombre. Porque no se llamó Calderón hasta el 25 de febrero de 1930.
Fue su arquitecto Eduardo Sánchez Eznarriaga, cuya firma puede verse en el chaflán de la fachada. Los hermanos Prieto, los primeros empresarios, querían un teatro modesto, pero acabaron por tener este monumento, que les arruinó.

El teatro se levanta sobre el solar donde estuvo el majestuoso convento de la Trinidad, del que salieron los frailes que fueron a rescatar a Cervantes. Tras la Desamortización de Mendizábal, el convento y su iglesia pasaron a manos del Estado que, en años sucesivos, y sucesivas destrucciones, instaló allí desde el Ministerio de Fomento a museo de pinturas. Finalmente el edificio primitivo fue demolido. La actual calle del Doctor Cortezo no existía. Cuando se abrió la comunicación entre Atocha y la plazuela del Progreso, se llamó calle Nueva de la Trinidad. El teatro Fígaro y los bloques de viviendas adosados al Calderón se construyeron sobre la huerta de la Trinidad.

Tiene el Calderón elementos artísticos muy destacables, comenzando por las vidrieras de las puertas principales, salidas de la factoría de Jules Maumejean. No podemos dejar de reseñar el formidable fresco del techo –necesitado de restauración- que fue pintado por Demetrio Monteserín, ilustrador destacado en las revistas del principio del siglo XX, que acabó por instalarse en Astorga.

La fachada del Calderón es, posiblemente, la más hermosa de los teatros madrileños, con la singularidad de su torreón en el chaflán entre las dos fachadas, del que parte el imaginario eje del edificio. Su recargada decoración corresponde a las influencias del Art Nouveau. En la actual restauración falta por incorporar la barandilla del piso principal con sus correspondientes luminarias, que ya están fabricadas. En los planos originales figura un hermoso grupo escultórico coronando la fachada de la calle Atocha. No se ha recuperado como sí se ha hecho con el torreón.

Este teatro ha cambiado de propietarios varias veces. Cabe recordar la extraordinaria labor operística que realizó a comienzo de la década de los treinta gracias a la sociedad formada por don Luis París y Federico Moreno Torroba. En este teatro se estrenaron algunas de las últimas zarzuelas grandes: ‘La rosa del azafrán’ (14-4-1930); ‘Luisa Fernanda’ (26-3-1932) y ‘La Chulapona’ (31-1-1934).

Tras la Guerra Civil la existencia del teatro Calderón peligró en un par de ocasiones, pero siempre salió a flote. Se especializó en espectáculos folklóricos y, más tarde, de Revista. Fueron los años en los que Muñoz Lusarreta estuvo al frente. Finalmente sus descendientes lo vendieron, acabándose ya el siglo pasado y en entró en el XXI en otras manos. Estos primeros quince años no han sido ni fáciles, ni especialmente brillantes. Ahora parece que inicia otra etapa, con la empresa ‘Teatro Calderón 1917’ al frente. Esperemos que con ella, y con las obras realizadas y la que tiene pendientes, recobre el esplendor de antaño.

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