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Pedro del Cura, reelegido alcalde de Rivas-Vaciamadrid
Pedro del Cura, reelegido alcalde de Rivas-Vaciamadrid

De cómo Pedro del Cura repitió como alcalde de Rivas

martes 16 de junio de 2015, 07:30h
Este sábado, 13 de junio, Pedro del Cura, de 41 años, renovaba su cargo como alcalde de Rivas como cabeza de la lista más votada por los ciudadanos. Culminaba así un proceso tortuoso, marcado por la noticia de la imputación del regidor en el 'caso Aúpa', que saltaba a los medios apenas ocho días después de las elecciones, y la división de las fuerzas políticas de izquierdas en el principal bastión de IU en la región, que a punto estuvo de desalojarle del Consistorio. Esta es la intrahistoria de uno de los procesos de investidura más polémicos de la región en los últimos años.

El 24 de mayo, la coalición IU-Equo-Somos Rivas, encabezada por el alcalde de la ciudad, Pedro del Cura, cosechaba una victoria agridulce en las urnas. Después del desgaste sufrido por el Gobierno municipal a raíz el 'caso Aúpa', sobre unas polémicas adjudicaciones de contratos públicos al hermano de la entonces edil Tania Sánchez; de la escisión de IU en el municipio, incluido el intento de presentar una candidatura alternativa encabezada por el anterior alcalde y compañero de filas de Del Cura, José Masa; y del empuje de Rivas Puede, que apenas obtuvo 475 votos menos que la coalición de Del Cura, este aún había logrado aguantar el tirón y situarse como fuerza más votada, con 7 ediles. Le siguieron Rivas Puede, con 6; y el PP, Ciudadanos y el PSOE, con 4 concejales cada uno.

Así las cosas, el pacto entre IU-Equo-Somos Rivas y Rivas Puede se daba por supuesto, a falta de pequeños matices y ajustes entre ambos programas. Sin embargo, solo ocho días después de los comicios, saltó la noticia de la imputación de Pedro del Cura a raíz de una denuncia de su adversario del PP, Jesús González Espartero, que logró convertirle en imputado al llamarle la juez a declarar por el 'caso Aúpa'. Esta denuncia, que basa sus argumentos contra Del Cura en su condición de miembro del gobierno municipal que adjudicó contratos públicos por valor de 1,4 millones de euros a la empresa de Héctor Sánchez, hermano de Tania, había sido interpuesta antes de los comicios y la citación en el juzgado era solo cuestión de tiempo. Pero llegó en el peor momento. A doce días de la celebración del pleno en el que debía elegirse al nuevo alcalde, Rivas Puede, encabezada por José María Álvarez, tuvo que renunciar a votar a favor de la candidatura de IU-Equo-Somos Rivas mientras Del Cura siguiese en ella. Y la cita en el juzgado estaba fijada para el día 22. Es decir: sí o sí, el alcalde llegaría a la sesión de investidura con la condición de imputado.

Pero el regidor no se amilanó. Convencido de que la denuncia solo era una maniobra política sin fundamento para arrebatarle el bastón de mando de la ciudad, celebró la "oportunidad de poder defenderse" y reiteró su intención de seguir al frente del Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid. Así, al igual que Tania Sánchez (a quien la querella acusaba de malversación de fondos públicos, delitos contra la administración y tráfico de influencias), defendió una y otra vez su inocencia y mantuvo que, si la comisión de investigación celebrada cuando el caso se centró en su excompañera de filas no había sido suficiente, volvería a dar a la ciudadanía las explicaciones que fueran necesarias en una audiencia pública que se celebraría pocos días antes del pleno. Así lo hizo. Explicó de nuevo el contenido del código ético de Izquierda Unida; defendió su inocencia ante cuantos le preguntaron sobre las adjudicaciones y sobre Sánchez; y entregó a sus compañeros de IU un documento firmado con su dimisión, "sin fecha", asegurando que, si un juez llegara a sentarle en el banquillo de los acusados, renunciaría a la Alcaldía de inmediato.

Entretanto, el resto de los partidos que habían logrado representación en el Ayuntamiento se replantearon la situación. Rivas Puede celebró varias asambleas con sus miembros inscritos para valorar la situación y fijar las líneas de actuación a seguir. Una vez que quedó claro que un pacto con la formación de Del Cura sería inviable en estas condiciones, había que pensar alguna alternativa. Después de varias jornadas de debate que culminaron con una votación online por parte de sus bases, la opción más votada fue presentar la candidatura de Álvarez a la Alcaldía, que podría ser investido con los votos de Ciudadanos, PSOE o IU. Sin embargo, ya que IU persistía en su idea de mantener la candidatura de Del Cura, solo el apoyo de los otros dos partidos podría aupar a Rivas Puede hasta la alcaldía.

La cosa quedaba en manos, pues, del PSOE, con Carmen Pérez a la cabeza, y Ciudadanos, liderada por Beatriz Sobrino. La primera cambió de opinión varias veces. Al conocerse la imputación de Del Cura, declaró que no haría valoraciones, para dos horas después apresurarse a sacar un comunicado pidiendo la renuncia del alcalde. Después, una vez que quedó claro que su partido no apoyaría a Del Cura, tuvo que decidir si respaldaría a Rivas Puede para hacerse con la alcaldía y, tras mucho pensarlo, el viernes 12, a pocas horas del pleno de investidura, resolvió que sí y dejó la pelota en el tejado de Ciudadanos.

A las 19.00 de ese viernes, Rivas Puede, sin haber decidido todavía si tomaría la opción más votada por sus bases (la de presentar su propia candidatura a la alcaldía) o, simplemente, mantenerse en la oposición y valorar acuerdos puntuales a lo largo de la legislatura, se encontraba reunida para tomar una decisión. En otro punto de Rivas, Ciudadanos se enfrentaba a su propio dilema. Si la formación de Sobrino apoyaba a Rivas Puede, esta presentaría candidatura; si no, la alcaldía quedaría en manos de Del Cura. Los teléfonos echaban humo; las formaciones locales consultaban a sus compañeros de Madrid; Álvarez se planteaba si, llegado el caso, sería capaz de gobernar una ciudad de más de 80.000 personas con seis ediles (pues lo que sí era seguro era que ninguno de los otros partidos querría entrar en el gobierno), o, peor aún, si el PP decidiría apoyarles para evitar que gobernase un imputado, lo cual significaría su "suicidio político". Al final, Sobrino decidió que tanto Ciudadanos como Rivas Puede serían "más útiles en la oposición, pactando y acordando lo mejor para los ripenses", y decidió que ni presentaría candidatura ni apoyaría a ningún otro candidato. Según explicó a Madridiario, la posibilidad de apoyar a Álvarez nunca fue una opción real. "La consultamos porque se puso sobre la mesa, pero al final decidimos lo que habíamos pensado en un principio", añadió.

Llegó el día 13 y Pedro del Cura cumplió su palabra: presentó su candidatura para seguir siendo el alcalde de Rivas. Álvarez, por su parte, presentó la suya, al igual que Carmen Pérez, que finalmente decidió presentarse en lugar de apoyar a otro candidato, y José Antonio Riber, del PP. Cada grupo se votó a sí mismo, Ciudadanos se abstuvo y Del Cura revalidó su cargo como cabeza de la lista más votada. Todos ellos se verán obligados a negociar, uno por uno, los asuntos que afectan a los ripenses a lo largo de la legislatura. Quien no estará ya para verlo es el denunciante, el candidato del PP, Jesús González Espartero, que pocos días antes de constituirse el Ayuntamiento decidió no recoger el acta de concejal, secundado por otras dos concejalas electas de su lista. "Ellas vinieron conmigo y se marchan conmigo. Yo me marcho por razones personales, porque tengo que asumir la responsabilidad de la pérdida de apoyos [el PP pasó de 7 concejales a 4] y porque el PP tiene que empezar a hacer las cosas de otra manera si quiere afrontar en buenas condiciones las generales de noviembre. Más claro no te lo puedo decir", argumentó a Madridiario.

 

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