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Crítica teatral- Adiós, Albéniz ¿adiós?

Crítica teatral- Adiós, Albéniz ¿adiós?

sábado 20 de diciembre de 2008, 00:00h
El domingo 21 de diciembre finalizan las representaciones de “La vida es sueño” en el Teatro Albéniz de Madrid. Ese día, según todos los indicios, puede ser el último que este teatro levante el telón. La Comunidad de Madrid, que lo ha tenido arrendado desde 1985, termina su compromiso y traslada los bártulos –y el personal- a los teatros del Canal. ¡Bien comienza el centenario de la muerte del compositor!
Hace 63 años, el 31 de marzo de 1945, se inauguró el Teatro Albéniz con la revista del maestro Alonso “Aquella noche azul”. La construcción había estado precedida por la polémica ya que los promotores no estuvieron de acuerdo con las obras de los primeros arquitectos, José Luis Durán de Cottes y Enrique López-Izquierdo, y pasaron el proyecto a Manuel Ambrós Escanellas, que figura como su autor.

Las grandes esculturas móviles de Ángel Ferrant, creadas para la fachada de la calle Paz, fueron pronto retiradas porque su peso hacía peligrar el muro. Se colocaron en el interior donde se han podido ver hasta ahora. El edificio tiene algún otro detalle artístico, como las pinturas de Javier Clavo en el patio de butacas.

Una gran obra

En el proceso de construcción tuvieron que hacerse muchos cálculos para el voladizo que soporta las localidades de anfiteatro. Fue una auténtica obra de ingeniería que requirió el asesoramiento del laboratorio central de ensayos de materiales de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos para que realizara minuciosos análisis y ensayos del proceso de construcción. El sistema diseñado por los primeros arquitectos para sostener el anfiteatro, resultó de una gran complejidad y audacia.

Se empleó un entramado de vigas, apoyado en columnas, sin hacerlo en los muros de cierre del teatro. El gran aforo del recinto, 1.500 localidades originalmente, permitió, en las primeras temporadas, estrenar espectáculos de revistas, zarzuela y ópera.

Pero la primera etapa escénica terminó definitivamente en 1959, cuando el Albéniz pasó a ser, exclusivamente, cine. Cinco años ya habían comenzado las proyecciones alternando con los montajes escénicos. En los bajos del edificio se abrió una sala de fiestas que fue muy popular con el nombre de Fantasía primero y Xairo más tarde.

Vuelta al teatro
La Comunidad de Madrid, en sus primeros años, decidió arrendar el teatro, vecino a la sede de su Gobierno, para albergar los distintos festivales artísticos institucionales: Festival de Otoño, Madrid en Danza, Madrid Encanto, etc. Así, en 1985, volvió a levantarse el telón, aunque se advirtió que la sala no tenía las mejores condiciones para el teatro.

Hace dos años se supo que una empresa inmobiliaria había adquirido todo el conjunto de edificios donde se encuentra el teatro y que su propósito era suprimirlo. Inmediatamente surgió un movimiento ciudadano para salvar el Albéniz que, hasta la fecha, poco ha conseguido. Si acaso el tibio compromiso municipal de que en proyectos futuros para este entorno tendrá que haber siempre un teatro.

Pero eso está por ver. También debería haber teatros en los edificios construidos sobre los solares del Martín y del Jacinto Benavente. Y no los hay, ni parece que vaya a haberlos. Tal vez desde Urbanismo deberían revisarse las condiciones que se impusieron para poder construir esas viviendas donde antes había teatros.
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