Daniel Méndez | Lunes 22 de septiembre de 2008
En el Debate sobre el Estado de la Región hemos asistido a un acto más de la ingente obra de descapitalización de los servicios públicos que Esperanza Aguirre insiste en llevar a cabo, con la iniciativa anunciada de privatizar la gestión del agua en nuestra comunidad. Anuncio que, si bien insólito, no debería extrañarnos ya que cada día son menos cosas las que quedan en manos de este gobierno “famélico”, que poco a poco se ha ido deshaciendo de sus responsabilidades para con aquellos que lo hemos elegido, pasando la gestión de los servicios más esenciales a manos privadas.
Pese a la gravedad de la medida, sin embargo, no podemos olvidarnos de aquellas pequeñas cosas, como cantaba Serrat, que son las que marcan el devenir diario. Durante su discurso la presidenta de la comunidad nos expuso sus ideas y proyectos sobre la sanidad o la educación, su concepto de lo que es respetar el medio ambiente, dejando claro en todas ellas, tanto como en las ideas y proyectos que no expuso, su nulo interés por los y las jóvenes.
El primer golpe fue para la educación pública, cuando desde la tribuna nuestra presidenta explicó lo que para ella debe ser el sistema educativo madrileño, señalando la falta de rigor que para ella supone que los más dotados esperen a aquellos que tienen más dificultades en el aprendizaje, y resolviendo el problema de forma rápida y expeditiva: que estos últimos se queden atrás. Todas aquellas personas y organizaciones que defendemos un modelo de educación público, gratuito y universal, con calidad y equidad, lo que pedimos es un incremento del presupuesto en materia educativa, que posibilite una educación de máximos y no de mínimos, donde los más avanzados ayuden a los rezagados, aprendiendo de esta manera valores tan importantes como la solidaridad o el compañerismo.
El segundo asalto lo libró contra el sistema público sanitario, haciendo una defensa a ultranza de un modelo a imagen y semejanza del que implantó Margaret Thatcher en el Reino Unido durante los años ochenta, y que a la vista de los resultados obtenidos no parece el mejor referente. Todo ello en contra del modelo español, alabado y reconocido en todo el mundo, en el que siempre ha primado la calidad y el acceso al servicio sanitario frente a los beneficios económicos.
Por último vimos un olvido total de los más de millón y medio de jóvenes que vivimos en esta comunidad, como si nuestros problemas e inquietudes no tuvieran mayor transcendencia, ya que no dedicó ni un solo minuto a hablar de nosotros. Ni de nuestros problemas de acceso a la vivienda, ni de la temporalidad, ni de la inexistente oferta de ocio, ni de la falta de centros que atiendan de una manera adecuada todos aquellos problemas relacionados con la salud afectivo-sexual. Ninguno de estos temas, ni los y las jóvenes, sus protagonistas, merecimos tan siquiera una sola palabra por parte de nuestra “lideresa”.
Por eso tenemos que tener cuidado y no quedarnos únicamente en la cortina de agua que desde la tribuna se desplegó. No debemos quedarnos impávidos mientras se dibuja una sociedad en la que cada vez la ciudadanía tenemos menos que decir, porque al final las pequeñas que nos acechan detrás de la puerta, son las que conforman la vida que hemos de vivir en libertad, igualdad y solidariamente. Esas que cada uno de los días nos intentan robar.
Daniel Méndez es diputado por Madrid en el Congreso y secretario general de Juventudes Socialistas de Madrid
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