La madre les explicó que su hijo estaba enfermo y les recriminó que no se le hubieran hecho ya pruebas específicas como TAC o resonancias. De hecho, les recordó que estaba medicado con fármacos psiquiátricos pero que, sin embargo, no estaba atendido por psiquiatras, razón por la cual denunció que tiene "una enfermedad mental incontrolada con contenciones mecánicas en manos, cintura, y pies".
Ante la negativa de la familia de llevarse a su hijo, Romero señaló que los trabajadores del centro le manifestaron que iban a mandar al Fiscal y al juez pertinente porque su actitud demostraba que no querían hacerse responsable de su hijo, y que, por lo tanto, quedaría bajo el cobijo de la Comunidad.
Incluso, antes de esto, le aconsejaron que llevara a su hijo a un centro privado, a organizaciones como Basida o un centro de toxicómanos --Mario lleva más de 10 años sin consumir ningún tipo de drogas, según su madre--. "Su objetivo es deshacerse de él, derivarle a asuntos sociales y así se lavan las manos", concluyó Romero.