La obligación de sumar un primer triunfo en 'Champions' revolucionó la salida del equipo blanco. En un inicio fulgurante tanteó la endeblez del cuadro bielorruso y sólo la falta de acierto de Guti, en un mano a mano, y un centro de Robben sin rematador impidieron a los de Schuster allanar el partido en esos primeros instantes.
Lo conseguiría no obstante antes del cuarto de hora, a balón parado. Guti recibió en la frontal, elevó el periscopio para divisar a Sergio Ramos y enviarle con precisión el esférico para que el sevillano cerrara el círculo con el primer tanto.
Desde entonces el Real Madrid entró paulatinamente en una nebulosa que recibió la censura del respetable en el descanso. El equipo blanco adolece de futbolistas que aglutinen el juego y le de continuidad, y así su presencia en los partidos es demasiado discontinua.
Es el Real Madrid una punta de lanza, ideal para desplegarse cuando Guti encuentra el camino y de esa manera forzó alguna oportunidad más para haber profundizado en el marcador. No lo consiguió y el tedio se adueñó del partido.
Schuster, cruzado de brazos, asistía incrédulo a las escasas prestaciones de su equipo en un partido guionizado para conseguir confianza y goles y que se estaba transformando en un mar de desesperanza sobre el equipo.
Mejoría en la segunda mitad
El equipo blanco, que había perdido a Gago por lesión a la media hora, mejoró en el segundo acto, amasó en mayor medida el balón y entonces sí encerró en su campo al BATE. Con el minúsculo asedio se sentenció el partido, con un tanto de Van Nistelrooy, su número 58 en 'Champions', cuando restaba media hora de juego.
El Real Madrid, con un jugador más, desaprovechó la ocasión de aumentar su confianza con goles y sobre todo de acumular en su zurrón un balance que puede ser imprescindible para decidir un reñido grupo de clasificación. De momento, al menos, el equipo de Schuster evidencia su poderío como local para sentar las bases de la nueva campaña.