MDO/Efe | Martes 16 de septiembre de 2008
Con un presupuesto de cerca de un millón de euros, la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid ha comenzado la tercera fase de las obras de restauración de la iglesia de San Bernabé de El Escorial, monumento del siglo XVI mandado construir por Felipe II.
Así lo ha dado a conocer la portavoz del gobierno local, Concepción Vicente, quien ha explicado que el pasado domingo ya se trasladaron los oficios religiosos a un local contratado por la parroquia en tanto en cuento se llevan a efecto las obras.
La iglesia de San Bernabé, que fue mandada construir por Felipe II al arquitecto Juan de Herrera siguiendo los trazos de Francisco de Mora, ha sufrido importantes humedades por la filtración de agua, tanto a través de su base como de su cubierta con el paso de los años, que hacían necesaria una intervención integral.
"Ante su más que probado deterioro", señala la edil, Patrimonio Cultural comenzó en 1999 con una primera fase de restauración que supuso la sustitución de su cubierta y, posteriormente, llevó a cabo una segunda intervención en su exterior, mejorando el drenaje en su perímetro y la pavimentación del mismo.
"Resueltos los problemas de humedad que causaba la filtración de agua por sus cimiento y su cubierta, ahora comienza la restauración de su interior", ha señalado Vicente que ha agradecido el esfuerzo inversor, de en torno a un millón de euros, que realizará Patrimonio Cultural para la restauración integral de este monumento.
La intervención conllevará, ha explicado la concejala, la retirada del yeso de las paredes y la sustitución de los sistemas de iluminación, megafonía y calefacción, así como el tratamiento de las carpinterías en lo que es propiamente el interior del templo, lo que llevará aproximadamente un año.
Por ello, los oficios religiosos, como son las misas, se han trasladado ya al número seis de la calle Víctor Navalpotro, inicialmente en el horario habitual.
Según los expertos, la iglesia parroquial de San Bernabé es uno de los máximo exponentes del estilo herreriano, por la austeridad y equilibrio de su trazo arquitectónico, pero también por la austeridad del templo que prácticamente carece de ornamentación.