El efecto perverso de cuando uno se aproxima a una buena persona es que está obligado a seguir su ejemplo, y eso cansa. Porque en el fondo contaminamos más de lo que podemos y tenemos una conciencia de dos caras: la beatífica y la real.
La tierra se calienta y pensamos en grandes soluciones globales sin darle importancia a arrojar una pila en la basura junto a la comida, sin tener en cuenta que esa batería contaminará un mar durante un par de siglos.
Al Gore viene de promoción aunque luego se deje caer con el eslogan de “España puede abanderar la lucha contra el cambio climático”.
A Zapatero la foto le viene de cine, o de documental, incluso es posible que le tire los tejos para tenerlo de asesor en materia de medioambiente. Y, de paso, se hace una foto con un antiguo inquilino de la Casa Blanca.
Lo de la atmósfera lo tenemos que cuidar, pero también lo que pasa en la tierra. Y no estaría mal que la lucha partidista dejara de contaminarlo todo, jueces incluidos.