MDO | Lunes 04 de agosto de 2008
Más de 400 obras procedentes de la colección del Museo Picasso de París desembarcaron en el Museo Reina Sofía en el mes de febrero para formar parte de una de las retrospectivas más ambiciosas realizadas sobre el artista malagueño. Pinturas, esculturas, cerámicas, dibujos, grabados, apuntes y una selección de 20 fotografías documentales del archivo del pintor se expusieron hasta el 5 de mayo en la pinacoteca de la capital. Los Príncipes de Asturias inauguraron la muestra.
Las obras, muchas de ellas procedentes de la colección personal del artista y de las que no quiso desprenderse nunca en vida, se expusieron fuera del museo parisino aprovechando las obras de reforma y ampliación que se desarrollaban en el mismo. "Es la primera vez que salen del Museo de París esta cantidad de obras y probablemente no se volverá a repetir hasta dentro de varias décadas", indicaba la directora del Musée National Picasso Paris y comisaria de la exposición, Anne Baldassari, para quien esta muestra reconstruía "cada etapa del pintor en toda su complejidad".
El nuevo director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, aseguraba que esta retrospectiva era un "regalo" y un "diálogo" entre el Museo Reina Sofía y el Museo Picasso de París que reflejaba el "gran manifiesto pictórico" del artista. Un 'obsequio' que le costó al Gobierno español 3,5 millones de euros por el préstamo de las obras más 2.052 millones de euros en concepto de garantía. La exposición, ordenada cronológicamente, ocupó cuatro grandes salas del Museo conectando el edificio Sabatini y las salas de ampliación "para explotar la originalidad del edificio", según Baldassari .
En la primera de ellas se exhibieron las obras realizadas entre 1895-1925 que mostraban la génesis de la obra picassiana en su Galicia añorada. Se exhibieron lienzos de gran relieve como 'La muerte de Casagemas', indicio de su fascinación por el expresionismo, o su 'Autorretrato' y 'La Celestina', emblemáticas del período azul. Mientras, de la revolución protocubista y su período negro, la exposición contó con piezas tan importantes como los estudios para 'Las señoritas de Aviñón' (1907) y 'Tres figuras debajo de un árbol' (1907-1908).
Su aventura surrealista comenzaba en la sala Picasso 2, dedicada al período 1924-1935. Entre las obras que se pudieron contemplar estaban 'El beso', 'El pintor y su modelo' (1925), 'La pequeña Crucifixión', 'El Acróbata' (1930) o 'Figuras a la orilla del mar' (1931), las obras dedicadas a Marie-Thérèse Walter y las 'Cabezas' y 'Bustos de mujer' esculpidas en Boisgeloup (1929-1931), así como las esculturas en alambre Proyecto para un monumento a Apollinaire (1928), que culminaban en la escultura lineal de 'Mujer en el jardín'.
'El Guernica' abría paso a la sala 3, donde se expusieron obras realizadas entre 1933 y 1951 en el marco de las guerra que asolaron el mundo durante esas décadas. La Guerra Civil Española, la Guerra Fría o la Guerra de Corea fueron denunciadas por el artista en obras como 'La mujer que llora' y 'La suplicante'. Por otra parte, al periodo de guerra se sumaron las grandes esculturas alegóricas 'Cabeza de toro' (1942) o 'El hombre del cordero' (1943), denuncia de la nueva matanza consecuencia de la Segunda Guerra Mundial.
Para completar el recorrido por la trayectoria del artista, la última sala recorrió varias obras maestras del pintor malagueño desde 1943 hasta unos pocos meses antes de su muerte en 1972. La vertiente de ceramista se ilustró también mediante casi una decena de piezas únicas, realizadas entre 1947 y 1957. Cerraron la muestra las figuras de los 'Mosqueteros y Toreros', los 'Grandes Desnudos' y los 'Abrazos', a través de las cuales Picasso retomó los temas de Rembrandt, Tiziano o Velázquez para llevar al límite la dinámica pictórica.