Opinión

El esperpento de Alcorcón

Pedro Montoliú | Jueves 01 de febrero de 2007

Los sucesos de Alcorcón han terminado por rozar el espertento. La pelea de dos chicas que luego generó la de sus novios y más tarde la concentración de los amigos de uno de los novios frente a la casa de uno de los amigos de su contendiente y la pelea entre los concentrados y quienes, avisados por sms acudían a salvar al rodeado, han dado pie para hablar de lo divino y lo humano.

Todas las tertulias, columnistas, programas de televisión "especializados en la realidad" se han lanzado durante toda la semana a hablar de xenofobia, racismo, bandas latinas, marginalidad o violencia juvenil. He oído hablar de Alcorcón como ciudad dormitorio, se ha dicho que el Metrosur favorece el desplazamiento de bandas, se ha exagerado sobre una población que muy pocos de los que han hablado de ella es posible que hayan pisado en su vida, se han recogido opiniones del primer joven con el que los periodistas enviados a Alcorcón se encontraban. Y así han surgido decenas de grupúsculos reales o inventados cuyo nombre ha quedado impreso negro sobrre blanco para orgullo de unos y cachondeo de otros.

Y tras el esperpento mediático se ha pasado al esperpento político. El alcalde de Alcorcón salió inmediatamente para asegurar que en Alcorcón no había bandas. La Delegada del Gobierno negó que hubiera bandas. El secretario general del Partido Socialista en Madrid negó que hubiera bandas. La unanimidad de los tres responsables socialistas en negar la existencia de bandas cuando los medios insistían en hablar de peleas continuas y bandas latinas era un campo abonado al enfrentamiento político.

Como si no tuvieran nada que ver con la seguridad, con la Integración, con los servicios sociales de una población que forma parte de la Comunidad, los responsables regionales populares achacaron desde el primer momento las culpas al Ayuntamiento y ¡eureka! encontraron un estudio que había hecho la propia Comunidad en diciembre de 2005 en el que si bien se afirmaba que ni las entidades ciudadanas, vecinales y sociales ni los responsables de los servicios relacionados con menores tenían conocimiento de bandas, los jóvenes -¿cuántos, quiénes?- hablaban de ocho bandas entre las que incluían a los marroquíes o los bakalas, como si se pudiera incluir en bandas a estos colectivos. ¡Ya los tenemos! dijeron y se lanzaron a pedir dimisiones mientras desde el Ayuntamiento hablaban de manipulación.

El tercer esprepento ha sido el de las manifestaciones. En un momento tan delicado como el derivado de una pelea multitudinaria no se puede empezar a programar manifestaciones sean de solidaridad o rechazo. No está el horno para echar más leña sobre todo cuando este tipo de convocatorias captan el interés, esta vez sí, de bandas violentas, racistas, xenófobas que se desplazan al escenario de los acontecimientos y aprovechan la ocasión para rentabilizar su presencia. El PP lo entendió afortunadamente y desconvocó; el Sindicato de Estudiantes tyuvo que hacerlo después de que los tribunales negaran su recurso a la desautorización. La Delegación del Gobierno ha recordado a los que, también sin autorización, han llamado a manifestarse este sábado, que pondrá todos los medios para impedirlo.

Es hora ya de serenarse, de preguntar por los heridos de los que nadie se acuerda, de que los medios de comunicación hagamos autocrítica, de sentarse a estudiar las denuncias sobre problemas reales de convivencia que se han puesto sobre la mesa estos días y de que, todas las instituciones aunadas, consigan una integración más profunda que la que actualmente existe.

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