Rafael Martínez-Simancas | Martes 01 de julio de 2008
Ramón Masats cogió un día su cámara de fotos y se dedicó a congelar detalles de España en su década de los cincuenta y también de los sesenta. Masats es el autor de esa fotografía genial en la que un cura con sotana se lanza a por el balón que va a puerta, (luego supimos que el balón finalmente entró porque lo confesó un anciano pater en una galería de arte). La España de Masats está formada por caras anónimas en las procesiones, en los toros, en las calles, pero también tiene tres grandes retratos que valen por un siglo: Dominguín, Buñuel y Azorín.
Buena parte de su obra se ha venido a pasar el invierno a Buenos Aires donde Madrid tiene una casa, (la otra está en Barcelona). Y donde Francisco Vázquez, jubilado con trienios, repasaba la exposición minutos antes de que la inaugurara el consejero Fisas. El reencuentro de Raúl con las fotos fue como el que un día ve pasar a su infancia camino del colegio, una notable impresión.
Con una cena en Rodicio se acaba esta primera jornada de lunes largo para los que llegamos de madrugada y arrastramos el cansancio como burros de noria. Cena con todos los protagonistas y en la que ha reaparecido Verónica Sánchez. Verónica es una chiquilla sevillana que perdió el acento por el camino de la interpretación y que ama a su tierra pero nunca en julio y en agosto, (hay cariños que asan).
Mañana comienza el festival de cine pero antes tenemos que dar un paseo por Palermo, allá dónde los ataúdes comparten pared con bares y locales de copas. Es la vida misma de un cementerio que se quedó en el centro, por lo tanto será verdad que todos los caminos conducen a Palermo. Por la noche no hace tanto frío como anunciaban pero la escarcha es una actitud mental.
Nota- Bajo mi ventana del hotel pasan todos los coches de Argentina, a cada uno le suena mal una pieza diferente. Al fondo veo el puerto, no se oyen gaviotas, quizá estén sordas.
Imagen 1: Francisco Vázquez acudió a ver la inauguración de la exposición sobre Masats.
Imagen 2: Rafael Martínez Simancas bajo una foto de Masats
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