Opinión

Madrileños en Valencia

Rafael Martínez-Simancas | Lunes 23 de junio de 2008

Por mucho que Soraya imposte la voz para hacerse más creíble y que Rajoy se quite la corbata para parecer más chaval, el Congreso de Valencia se cerró en falso, en cursi, en monolítico y en aparato contestado, (de ahí la abultada abstención y el voto nulo). Por cierto que a base de repetir Mariano Rajoy que él tiene 53 años al final se lo va a terminar creyendo, pero no, en realidad tiene algunos más de los que aparenta.

Alguien se encargó de que el Congreso de Valencia fuera una escabechina para Esperanza Aguirre y alguien caldeó el ambiente en las ponencias donde se miraba bastante mal a los compromisarios madrileños. De ahí que Aguirre hablara de los del “botafumeiro”. Supongo que ese mismo alguien es el que afila los cuchillos pensando en el congreso del PP madrileño en octubre, (ojo a los que dan por amortizada a Esperanza Aguirre).

Se entiende con dificultad que los autores del mayor triunfo electoral que ha tenido el PP, en su historia, los dirigentes regionales Ignacio González y Francisco Granados, hayan obtenido como recompensa un puntapié de la ejecutiva. A esa forma de actuar no se le llama integración sino ejecución sumaria contra la pared de un pasillo de “La Fira de Mostras”.

Rajoy ha hecho unos trucos de magia para que no parezca que fue designado por Aznar, (el que le afeó la conducta el sábado en su intervención), el que se apoyó en los fugados Zaplana y Acebes durante cuatro años, y el que iba en la pancarta junto a María San Gil. Un cambio de imagen acelerado para que todo parezca distinto, es como si John Wayne quisiera parecer otro actor y a Rajoy se le reconoce por esos andares del oeste. Y como Wayne podría decir que es feo, fuerte y formal.
 
Los nuevos miembros de la ejecutiva les toca la tarea urgente de hacer oposición al Gobierno, ahí se espera el mayor empeño de Ruiz-Gallardón, algo que no hizo durante los mítines de campaña donde prefirió acudir a Barcelona para apoyar el gran “éxito” del PP.

Hacía mucho calor en Valencia. Pero algo más que calor: bochorno.


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