Sara Medialdea | Martes 10 de junio de 2008
Medio país estaba ayer paralizado por la huelga de transportistas, y el otro medio, por el arranque español en la Eurocopa. Mientras los medios mantenían la tensión -¿irresponsable?- a costa de asustar a la población con avisos de desabastecimientos futuros que han llenado los hipers y los congeladores, el ciudadano de a pie se encontraba con la tostada en forma de bloqueo en los accesos a Madrid.
Al grito de “movida, movida”, escuchábamos a un conductor de camión jaleando a sus compañeros e invitándoles a sumarse a la (¿?) fiesta. Mientras, esa gasolina que también sube para los asalariados empezaba a escasear en algunas estaciones de servicio, merced a ese terrorífico “efecto llamada” que han realizado durante días los medios de comunicación. Y también, claro, a la acción de una huelga que está teniendo un efecto mediático impresionante: consulten webs de ventas de productos por la red, verán cómo en casi todas aparece una mención a los problemas en el suministro de artículos por el dichoso paro.
Mientras, continúan las huelgas en servicios municipales: los empleados de la funeraria repiten, los jardineros se unen a la corriente de paros, y los controladores de parquímetros –de gestión privada- añaden una semana más a las que ya llevan sin funcionar. Malos tiempos para la lucha sindical, más ahora que en Europa se negocia establecer la semana laboral de 60 horas, echando por tierra 91 años de conquistas sociales. Prueba evidente de que todo es susceptible de empeorar.
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