Sara Medialdea | Martes 23 de enero de 2007
Cuando apenas quedan cuatro meses para que se celebren las elecciones municipales y autonómicas, y apenas tres y medio para que se inicie formalmente la campaña electoral, Izquierda Unida anda sumergida –o más bien habría que decir que ahogada- en sus propias diferencias internas.
A fecha de hoy, la comisión de garantías ha anulado la candidatura en marcha para la capital, y el consejo político regional ha desoído esta resolución, asegurando que no la acatará. La Presidencia Federal ha puesto incluso fecha: debe llegarse a un acuerdo que de cumplimiento a la resolución antes del próximo 6 de febrero.
IU lleva años perdiendo peso en Madrid: sus resultados electorales no han ido a mejor, precisamente, en los últimos comicios celebrados. Las disputas internas no favorecen a la coalición, ni dan estabilidad a su oferta que, por otra parte, es absolutamente imprescindible en un marco político que camina parece que sin remedio hacia un paupérrimo bipartidismo.
Con los actuales vaivenes, la formación corre el riesgo de terminar quedándose al margen de los partidos con representación, algo que sería grave en cualquier caso, y especialmente dramático desde el punto de vista de las expectativas de la izquierda de gobernar en la Comunidad Autónoma: que sólo con la unión de los votos de PSOE e IU podrían alcanzar esa meta es algo que reconocen incluso desde los partidos interesados.
El acuerdo político en el seno de IU se hace imprescindible; lo contrario sería un suicidio político.
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