Opinión

Pitufos chungos y maleducados

Nino Olmeda | Viernes 09 de mayo de 2008
 Dos docenas de agentes de la policía local de Coslada, con su jefe a la cabeza, han pasado ha disposición judicial por formar parte, supuestamente, de una banda de pitufos chungos y maleducados. Fueron necesarios muchos miembros del Cuerpo Nacional de Policía para llevar a los calabozos a estos pitufos -así llamaban hace muchos años a los azules agentes municipales-,  después de investigar sus presuntas fechorías y abusos de autoridad con gentes de la prostitución, de la noche y de los negocios de restauración.

Lo de chungos, está claro. Se dedicaban a actividades más propias de infractores del Código Penal que de que encargados de velar por la seguridad ciudadana, olvidando que,  como agentes de la autoridad,  están obligados a perseguir a los malhechores y que su función no es perfeccionar las técnicas mafiosas de aquellos a los que deben perseguir y enviar a los chabolos del mako que dentro de poco les acogerán a ellos. Resulta curioso que el señalado como jefe de los pitufos malos de Coslada llevaba desempeñando funciones policiales desde hace más de 20 años  y mucho más que nadie se diera
cuenta de que el Ayuntamiento había puesto a guardar el ganado a un panda de lobos voraces.

Parece que era un secreto a voces que había muchas ovejas negras entre los encargados de realizar tareas policiales, con porra, esposas y pistola. Nadie se olió la tostada: ni el alcalde que había entonces, ni los que llegaron después,  ni mucho menos el que desempeña ese cargo en la actualidad. Es curioso que algunos vecinos y unos pocos pitufos de los que no roban ni violan los derechos de los demás hubiesen alertado tiempo atrás de la situación sin que nadie con responsabilidad política pasada, presente o futura se preocupara de investigar a fondo lo que se les venía encima.

Según lo que sabemos de los hechos, el Jefe de Policía de Coslada buscaba, entre sus agentes,  colaboradores necesarios para formar parte de  la banda de delincuentes más invisibles del territorio nacional. Todos hablaban de ellos, de sus chulerías, delitos y extorsiones, pero todo quedaba reducido a una historia de taberna con personajes de ficción aludidos por ciudadanos de verdad. Son cosas que pasan, me explica un amigo madero que dice que el tal Ginés, el jefe de los pitufos chungos, era un prenda de cuidado, con fama no muy buena, entre los suyos, y que seguramente ha tenido y tiene a más de uno de los que mandan de verdad enganchado por los huevos para que no diga ni Pamplona. Eran unas joyitas.

No cabe la menor duda de que actuaban sabiendo que dejaban en mal lugar el Cuerpo de Policía de Coslada y con la ilusión, de haber tenido más tiempo por delante, de hacerse  no con una quinta parte de la plantilla sino con la totalidad de sus integrantes. Tampoco está muy claro para qué ha servido la formación que recibieron  en la Academia de Policía. Las técnicas policiales las aprendieron todas, pero para engañar a casi todos, aunque las enseñanzas relativas a la aplicación del Derecho  y a  los Derechos Humanos en el desempeño de sus tareas, si las hubo, se las pasaron por el forro de los huevos, los mismos que aprietan ellos cuando quieren que alguien permanezca en silencio antes sus ¿invisibles? acciones golfas y fuera de la ley.

Dicen que algunos miembros de esta banda eran jóvenes adquisiciones que llegaron a Coslada vía Bescam, es decir, pagados por el Gobierno regional y destinados a tareas de seguridad ciudadana. ¿Se educa a estos funcionarios en el respeto de la legalidad? ¿Se les insiste en lo importante que es cumplir y hacer cumplir las leyes? En definitiva, otro culebrón en el que se describe la realidad invisible de unos pitufos chungos que aprendieron bien poco en la Academia de Policía.

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