Opinión

El COI y sus decisiones

Sara Medialdea | Lunes 14 de abril de 2008
El Comité olímpico Internacional atraviesa una crisis. No lo digo yo, lo dice su presidente, Jacques Rogge. No es extraño, con la que está cayendo a medida que se acerca la fecha de inicio de los Juegos de Beijing –ya estamos a apenas 115 días- y crecen las protestas. Pero los hechos están ahí, y hay muchas cuestiones sorprendentes en este asunto.

La primera, la decisión. Lo que ahora ya es un hecho inminente e imparable es que en la capital china van a celebrarse unos Juegos de Verano. Y eso es así no porque hace un mes a alguien se le ocurriera, sino porque hace años, muchos años, casi doscientos señores miembros del COI se pusieron de acuerdo y en mayoría votaron a favor de esta ciudad. Las razones, ellos las conocerán. Lo cierto es que esto no es algo que se improvise: Londres consiguió ser nombrada sede de los de 2012 en el año 2005 –con siete de margen para organizarse-. Unos Juegos Olímpicos requieren de unas inversiones y unos trabajos tan importantes que no se pueden deshechar a última hora.

Los problemas de conciencia: es cierto que China es actualmente un régimen totalitario donde no existen libertades. Y también la situación de Tibet llama a la reflexión. Pero esta humilde periodista, de viaje de trabajo en Pekín, ha podido comprobar con sus propios ojos cómo los habitantes de esta ciudad viven los Juegos, curiosean en torno a las instalaciones y sacan fotos a las obras. Los chinos quieren ser olímpicos, y unos Juegos son no sólo un escaparate extraordinario para la ciudad que los organiza, sino también una puerta que se abre al mundo y por la que entran, lo quieran o no los gobiernos, aires nuevos que llegan hasta los últimos rincones de la casa.

La tercera reflexión me viene a la cabeza por comparación. Cuando Madrid luchaba por ser sede en 2012, se le pusieron pegas por temas como la contaminación; Pekín tiene un cielo permanentemente cubierto de bruma –no es broma: al parecer se mezcla la  polución con polvo venido del desierto-, y el tráfico es, sin exagerar ni un poco, infernal. Pero eso no parece ser obstáculo; no lo ha sido y a estas horas, es evidente que no lo va a ser.

¿Interesa realmente que las instalaciones estén avanzadas, que el proyecto sea viable, que el legado olímpico esté bien calculado y no se de lugar a instalaciones vacías e inútiles tras acabar los Juegos? A la vista de los hechos, parece ser que hay otros criterios que también pesan, y mucho, en el COI a la hora de tomar la decisión.

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