Opinión

Las hipotecas y el pan

Milagros Hernández | Martes 25 de marzo de 2008
Cuando menos nos lo esperábamos, los norteamericanos pobres —acostumbrados a permanecer invisibles— aparecieron de repente, salieron a escena y empezaron a echar por tierra el sistema financiero internacional ¿Cómo? Muy fácil. Dejando de pagar sus hipotecas.

Porque antes de que ellos se vieran obligados a dejar de atender sus pagos por los créditos “subprime”  que habían recibido, los intermediarios se habían apresurado a colocarles en cualquier parte del globo, y con ello, lo que podía haber sido un problema local, se ha extendido a medio mundo. Así es de asimétrica la globalización, que cuando vienen bien dadas se benefician cuatro de ellos, pero cuando bien mal  nos afecta a casi todos.

Esta mundialización de la quiebra norteamericana ha traído como consecuencia un endurecimiento de las condiciones crediticias, entre las cuales está: la subida de tipos de interés, como primera y principal medida para cubrirse de los riesgos que se avecinan. Así el Euribor se ha situado en agosto en el 4,66 por ciento, a solo unas décimas de punto de su record histórico del 5,24 por ciento del año 2000. La primera y principal consecuencia de esta subida de tipos es: que en nuestra Comunidad de Madrid, por una hipoteca media a 25 años, tenemos que desembolsar 110 euros más cada mes, respecto de lo que veníamos haciendo el pasado año.

Consecuentemente y considerando que solamente en lo que va de enero a junio del año 2007 se han formalizado en Madrid más de 150.000 préstamos con garantía hipotecaria, podemos hacernos una idea de la dimensión del problema. Pero es necesario saber que la subida de los pagos por hipotecas nos afectan doblemente: de una parte a través de los mayores desembolsos a los que venimos refiriéndonos, y de otra, minorando la capacidad adquisitiva de los salarios.

Como sabemos, las revisiones salariales —si es que se revisan— se hacen considerando las variaciones del IPC, y en este indicador no esta contemplado los efectos de los tipos de interés, ni por supuesto, los 110 euros a los que nos referimos. ¿Por qué no está en el IPC? Porque el gasto de vivienda es un gasto de inversión y el índice se refiere exclusivamente al gasto de consumo. Es así como mediante este malabarismo estadístico, considerando que casi el 50 por ciento de la renta familiar se va en pagos de hipoteca y que esta renta familiar es mayoritariamente proveniente de los salarios, podemos imaginar a qué niveles de poder adquisitivo se encuentran.

Al efecto del aumento de los tipos de interés hay que sumarle el nuevo impacto sobre las economías familiares que la elevación del precio de los cereales está teniendo lugar. De una parte el nuevo y emergente mercado chino que está elevando su demanda y tensionando al alza los precios de estos productos, y de otra, el uso cada día más importante de carburantes obtenidos a partir de los mismos, ha hecho subir el precio de la harina en lo que va de año una cantidad relevante, que está haciendo tambalearse el precio del pan. Pero es que al pan, se le suman los ganaderos que ven como sus costes de producción también se ven aumentados y amenazan con repercutirlos.

En medio de esta espiral el Gobierno se está viendo obligado a modificar sus previsiones de inflación para este año, y prevé cerrarlo por encima de los tres puntos porcentuales. La economía se pone mal para los españoles pobres.

Después de un período de largo crecimiento que ha traído como consecuencia enormes beneficios empresariales, que descansan sobre una no menos enorme burbuja inmobiliaria de cuya ruptura nadie se atreve a hablar, y que tiene, a su vez, su origen en  un monumental endeudamiento familiar: la economía pinta en bastos. El endeudamiento, aunque solo sea dicho de paso, nos hermana a todos, incluidos los inmigrantes que han sido los últimos en incorporarse a esta vorágine de las hipotecas y que de venir mal dadas nos unirá definitivamente, aunque solo sea en la desgracia.

Esperemos que también nos hermanemos para defenderlo juntos, no retroceder en nuestras condiciones de vida y acertar en cómo hacerlo.

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