Opinión

Ferraz toma nota

Nino Olmeda | Lunes 03 de marzo de 2008
Esta vez sí que van en serio las miradas de observación que, desde la sede socialista de Ferraz, se dirigen a todo lo que sucede últimamente en el socialismo madrileño. Aunque los movimientos sibilinos de unos y otros se producen en la oscuridad, en el interno del partido, los encargados de que nadie se desmande más allá de lo permitido detienen en cada suceso sus ojos vigilantes, cubiertos de gafas de visión nocturna que permiten saber del otro sin que el actuante se entere.

Lo último, la gestación y desarrollo del acto de apoyo a Enrique Cascallana, alcalde de Alcorcón y elegido por el Comité Regional del PSM para ir en la lista del PSOE al Congreso y colocado después en la candidatura al Senado, por decisión del Comité Federal del partido, en un acto de revocación de un acuerdo del socialismo madrileños en el que Cascallana y el ex alcalde de Madrid Juan Barranco intercambiaron sus puestos. En plena campaña electoral, y cuando supuestamente todos los candidatos y militantes del PSOE están centrados en convencer a los ciudadanos de las bondades de la continuidad de José Luis Rodríguez Zapatero, algunos descontentos por el poco cariñito que les da el secretario general del PSM, Tomás Gómez -del que dicen que no se deja administrar, como si fuese una finca rústica-, a pesar de que sustituyó a Rafael Simancas con el apoyo de todos menos de los llamados guerristas de José Cepeda y de los seguidores del concejal del Ayuntamiento de Madrid Manuel García Hierro.

Conocida ya la poca química existente entre el nuevo secretario general de los socialistas madrileños y su antecesor, a pesar de que ambos hicieron piña en el congreso del PSM para no enojar al PSOE de Zapatero, y el mal rollito que hay entre los números uno y dos del PSM, ahora nos enteramos que a pocos días del 9-M las inexistentes familias vuelven a reorganizarse y cada uno busca apoyos hasta debajo de las piedras pensando en el próximo congreso regional. Cascallana quería quejarse en su cena -a la que acudieron como figuras destacadas Tomás Gómez, que llegó a los postres porque venía de Aranjuez de un acto electoral, Maru Menéndez y David Lucas, además del secretario general de la UGT de Madrid, José Ricardo Martínez- del escaso apoyo a su candidatura al Senado que está recibiendo por parte de su partido.

Este acto que podría haber servido para dar la cancha que pide el alcalde de Alcorcón no se incluyó en los mítines electorales que organiza el secretario de Organización, Paco Pérez, al que no se invitó. Tampoco se informó a Simancas ni a los que compitieron con Gómez en el congreso del que salió elegido secretario general con una mayoría muy grande. Los medios de comunicación tampoco fueron informados.

Dicen unos y otros que la mayoría que aupó a Gómez a su actual responsabilidad ha  saltado por los aires, que Simancas prepara una contraofensiva y que los llamados samarkandos son el principal sostén del secretario general. Todos estos movimientos más parecidos a una partida de ajedrez que a otra cosa tienen como finalidad pillar un buen puesto en la carrera que se iniciará cuando se dé el pistoletazo de salida: un segundo después de conocerse los resultados electorales.

Ferraz toma nota de todo lo que está sucediendo en el PSM y lo más seguro es que, si Zapatero sigue de presidente del Gobierno, Blanco envíe sus blindados para arrasar con todo lo que no huela a talante y buen rollito. Eso dicen los que temen que Ferraz esté manteniendo relaciones con más de un pretendiente y que al final todo quede en una batalla entre alcaldes y ex alcaldes. Si gana el PP, todos están convencidos de que volverá la guerra de guerrillas y entonces todos dispararán contra todo lo que se mueva, recuperando, aunque ampliado,  el dicho aquel de “el que se mueve no sale en la foto”.  Atentos. Ferraz siempre será la solución.

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