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De Madrid al Polo

Entrevista a Francisco Navarro, próximo Jefe de la Base Antártica Española

Miguel Ángel Medina | Sábado 13 de enero de 2007

Este sábado, el profesor Francisco Navarro deja su despacho en la Escuela de Telecomunicaciones de la Universidad Politéctica de Madrid para dirigir durante dos meses la Base Antártica Española (BAE) Juan Carlos I. Navarro será la máxima autoridad de esta base, situada en la Isla Livingston, donde trabajan unas 25 personas entre científicos y personal. MDO entrevistó a este profesor antes de su viaje para hablar de sus estudios de glaciología, de la vida en una base polar y de la experiencia de quien se ha comido un cocido madrileño en la Antártida.



¿En qué va a consistir su trabajo como Jefe de la Base Antártica Española?
Esta base tiene entre 15 y 25 personas dependiendo del periodo. Además, hay un barco de apoyo logístico, el buque Las Palmas, que viaja entre Patagonia y las bases antárticas, por lo que el personal científico es muy variado, mientras que el personal técnico es más permanente, y se encarga del mantenimiento de la base. El Jefe de Base es el responsable de la base desde el punto de vista organizativo y de seguridad, es decir, que todo el personal técnico serían mis subordinados directos.

¿No tiene entonces labores científicas en esta ocasión?
Es un trabajo sobre todo de intendencia y seguridad. Yo no entro en el trabajo de los científicos, salvo en las cuestiones de seguridad. Por ejemplo, si un grupo de biólogos tiene que ir con una embarcación a una cala alejada, su seguridad depende de mí. También hay protocolo, me encargo de cuestiones como hablar con jefes de otras bases y de los buques.

¿Por qué lo han elegido a usted para ocupar este puesto?
Por una parte, he estado otras veces en la base para investigar sobre los glaciares. Además, desde el año 90, las labores logísticas están en manos de la Unidad de Tecnología Marina (UTM) del CIC, y esta unidad siempre intenta coger gente de su propio personal como Jefe de Base. Esto no siempre es posible, porque a veces no hay gente con la preparación suficiente dispuesta a pasar allí cuatro meses, por eso se busca gente del ámbito universitario o científico.

Si su labor es más logística que científica ¿qué le lleva a vivir durante más de dos meses en la Antártida?
Ya he estado allí más veces, haciendo trabajos de glaciología, y ahora los voy a pasar haciendo un trabajo distinto. Esto suponía cierto aliciente para mí, y me apetecía probar la experiencia de tener un puesto de responsabilidad y hacer un trabajo diferente del que suelo hacer. Aunque cada año suelo pasar uno o dos meses en el Antártico o en el Ártico, en bases rusas o polacas.

¿Cómo es la vida en esas condiciones?
No es tan terrible como parece, porque la base española está abierta sólo durante el verano austral, de noviembre a febrero, y está situada bastante al norte. Así, mientras en el Polo Sur hay temperaturas en verano de 30 grados bajo cero, en la base española las temperaturas rondan los 0 grados, no hace tanto frío. Lo que sí es molesto son los vientos ciclónicos constantes, que hacen que la sensación térmica parezca más fría. En general, las bases están bien preparadas para vivir, aunque cuando hay que salir para hacer trabajo de campo las condiciones son bastante peores.

¿Cómo se come en la Antártida?
Se come demasiado, de hecho, hay más comida de la que hace falta, y la gente suele ganar peso en el tiempo que pasa allí. Al haber viajes en barco de conexión con la Patagonia argentina o chilena, cada varias semanas traen alimentos frescos. De hecho, en la base comemos a veces hasta cocido madrileño. En general, las condiciones no son tan difíciles como podría parecer.

¿No es entonces una situación tan extrema como podría parecer?
Ahora, las condiciones no son tan difíciles, pero mi primera experiencia fue en una base americana, cuando tenía 23 años. Aquella vez era en una base que estaba en el propio Polo Sur, y allí estábamos unas 20 personas durante un año entero. De ese año, pasamos unos ocho meses totalmente aislados, sin comunicaciones ni siquiera vía satélite, y la radio casi no funcionaba. En verano estábamos a 30 grados bajo cero, y en invierno a 60 bajo cero y todo el tiempo de noche. En una situación de ese tipo la gente tiene que tener muchos recursos internos para salir adelante. La base española, en cambio, es una base costera, donde las temperaturas son más suaves, pero los vientos son más fuertes. Además, hay vida animal, se pueden ver focas, pingüinos y ballenas, e incluso hay un refresco de personal a menudo.

Usted estudia glaciología, ¿qué le interesa de esta ciencia?
En cuanto acabé la carrera, tuve aquella primera estancia en la base americana y me gustó mucho. A mí siempre me ha gustado el mundo de la naturaleza, por eso estudié geofísica -física de la tierra-, aunque en la Politécnica doy clases de matemáticas. Siempre me han gustado los temas relacionados con la geofísica, y una de las cosas que tiene un lazo muy fuerte con la naturaleza es la glaciología.

¿Qué conclusiones va teniendo en sus estudios sobre glaciares?
Cada una de las campañas tienen sus propios objetivos. A veces estudiamos un glaciar concreto para saber cuál es su estructura interna, aunque el objetivo último de la mayor parte de los estudios es conocer la respueta de los glaciares a los cambios climáticos, es decir, saber si los glaciares se van a fundir si hay un cambio climático, porque esa reacción tiene un impacto importante en el nivle del mar, aparte de en el propio clima.

¿En qué área concreta se centran sus investigaciones?
Nosotros lo que hacemos es la simulación numérica de los glaciares, es decir, establecer modelos físico-matemáticos para establecer cómo se comporta un glaciar y cuál será su respuesta frente a un cambio climático. Estos modelos son teóricos, y necesita que les suministremos datos de entrada, a partir de las muestras que recogemos en los glaciares. Para saber cómo será un glacial, primero tienes que saber cómo es hoy, y para eso hacen falta mediciones por satélite, pero también tomar muestras del espesor del hielo, un trabajo de campo que se hace con geo-rádar.

¿Y cómo afecta el cambio climático a los glaciares?
La respuesta de los glaciares al cambio climático es mucho más lenta que la de otros componentes del sistema Tierra. El elemento más sensible es la atmósfera, luego los océanos, luego los glaciares y por último la propia tierra. El tiempo de respuesta de los glaciares depende de su tamaño, cuanto más pequeños más rápido responden a estos cambios. Por ejemplo, los glaciares de los Alpes tienen tiempo de respuesta por decenios, es decir, que un aumento de temperatura hoy hace efecto en ellos dentro de treinta años. Pero hoy ya vemos cómo están retrocediendo, porque el calentamiento global lleva más de un siglo en marcha. Mientras, Groenlandia tiene tiempos de respuesta del orden de los mil o más años.

¿Se puede hacer algo contra este cambio climático?
Sobre todo, se deberían tomar muchas más medidas que las que se están tomando para frenar la emisión de CO2. Sin embargo, desde el punto de vista de los glaciares, el efecto de esas medidas puede tardar decenios en notarse, es decir, que podemos reducir las emisiones pero los glaciares pueden seguir fundiéndose durante decenios.

¿Qué otras investigaciones se realizan en las bases españolas en el Ártico?
En la isla de Decepción está la Base Gabriel de Castilla, la otra base española, y allí  se estudia la actividad volcánica, ya que la isla es un volcán activo. Se centran en los campos del geomagnetismo, la geoquímica, la geología... y también hay grupos de biólogos estudiando el comportamiento de los pingüinos. En nuestra base en isla Livingston, en cambio, está cubierta por glaciares, y se estudia sobre todo glaciología. También hay una estación meteorológica permanente, y estudios de geomagnetismo y de permafrost -suelo permanentemente congelado- y líquenes. Además, cada año van científicos distintos a estudiar otras cuestiones.

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