Esto implica que "siguen faltando alternativas al castigo físico para enseñar a respetar límites", según indicó Díaz Aguado. De hecho, el 50 por ciento de las familias encuestadas reconocen que tienen "mucha dificultad" para controlar a su hijo a veces o con frecuencia. Asimismo, de este estudio se desprendió que las dificultades entre padres e hijos "aumentan" en la disponibilidad para compartir actividades cuando éstas exigen cierto tiempo y dedicación.
A pesar de estos datos, la experta aseguró que las familias madrileñas "se identifican de forma muy generalizada con los valores de la democracia como una forma de vida". Así, el 93,7 por ciento de las familias del estudio creen que "conviene animar a los hijos a decir a sus padres qué costumbres familiares les parecen mal", y "solamente el 2,8 por ciento están de acuerdo con que "conviene dejar a los hijos que hagan lo que quieran porque de todas formas lo van a hacer".
Según los datos, "sólo" el 12,5 por ciento de los adultos opinan que es mejor dejar a su hijo solo cuando está preocupado si no quiere hablar con sus padres". Con estos datos, se ponen de manifiesto valores democráticos como el valor de la discrepancia, el derecho a la libertad de expresión, la imposición de límites sin caer en el autoritarismo ni en la negligencia, y el valor de la comunicación.
Además, el 54,6 por ciento de los adultos y el 36,3 por ciento de los adolescentes creen que los conflictos se resuelven llegando entre todos al mejor acuerdo posible, y el 40,3 por ciento de los adultos y el 31,8 por ciento de los adolescentes piensan que los padres tienen más peso en las decisiones pero explican por qué lo hacen.
Finalmente, la experta aseguró que el 99 por ciento de las familias "parecen proporcionar hoy confianza y apoyo a los adolescentes de forma muy generalizada", aunque las dificultades aumentan en la disponibilidad para compartir actividades cuando éstas exigen cierto tiempo y dedicación. Así, el 10 por ciento de los adultos y el 20 por ciento de los adolescentes reconocen que los padres "dejan de cumplir planes que habían hecho con su hijo".