Nino Olmeda | Sábado 09 de febrero de 2008
La película que interpreta el James Bond del PP, Mariano Rajoy, tiene poco que ver con la que protagonizó hace unos 25 años Sean Connery y que tenía por título “Nunca digas nunca jamás”. El candidato del PP a la Presidencia del Gobierno de España aparece, en sus espacios electorales, como un señor con las cosas claras, rotundo en sus afirmaciones y propenso a la intención de la frase ingeniosa y a veces graciosa, con la única pega de que el aspirante a sustituir a José Luis Rodríguez Zapatero no tiene entre sus cualidades la de hacer reír a los demás con sus amagos chistosos. Ha repetido, sin sentir escalofríos, que él, no como los demás, no negociará nunca con ETA y tampoco regularizará jamás a los cientos de miles de personas venidas de todos los lados del mundo y que se han convertido por mor de los legisladores en invisibles, ilegales e irregulares.
¡Cuántas denominaciones para aquellos que son tan pobres que no tienen más que las palabras de los otros para buscarles un nombre¡ Rajoy, convencido de que la lucha contra el terrorismo da votos, corre como el espía británico del filme citado en busca del malvado Zapatero, usando todo tipo de armas, argucias y consignas para que los espectadores terminen creyendo que el mentiroso terminará, como la cabra, tirando al monte para repetir el intento de poner fin definitivamente al chantaje, al crimen y a la extorsión que tanto dañan la imagen de la bella Euskadi y joden en exceso la vida de sus ciudadanos.
¿Qué hará si le toca gobernar y se encuentra con una oferta que no pueda rechazar? Si los etarras en algún momento se convencen de que las armas son sólo la excusa para los que tienen poco claros sus argumentos y deciden ser uno mas en la ciudadanía vasca y no su vanguardia, lo más lógico es comunicarlo al que manda en España y pedir un encuentro, en el que pueden ir con las pipas y explosivos a entregar en un maletín como prueba de buena voluntad. Rajoy acudirá, sin ninguna duda, y la batalla política y mediática será semántica, ya que no podrá ser una negociación, que es lo que hizo Zapatero. Se podría llamar contacto deseado, quedada interlocutoria, reunión interviniente o, para más inri, nos encontramos en un bar y nos pusimos a hablar, todo ello para favorecer la convivencia y la vida en común en la misma sociedad de Euskadi dentro de la nación española. Y de los invisibles, ilegales e irregulares inmigrantes, ¿cómo puede afirmar Rajoy con tanta rotundidad que nunca serán regularizados? Si hasta EEUU ha tenido que llevar a cabo varias regularizaciones en las últimas décadas cuando los invisibles son tantos que se ven demasiado. Además de asegurar que no permitirá que pongan en orden sus papeles y sus vidas, también propone que firmen un contrato de adhesión a causas que a los nacionales no nos exigen más que las leyes.
En el debate aparecen los velos, islámicos, por supuesto, las gracias de Cañete –al que habría que recordar que las urgencias se colapsan no porque acudan muchos inmigrantes sino porque sus servicios no cuentan con el personal ni con los medios suficientes para atender a todos- y excesiva demagogia a favor y en contra. Los inmigrantes se han convertido en protagonistas de los debates electorales. Unos dicen palabras bonitas sobre ellos pero no se acuerdan con el mismo cariño cuando los contratan y otros se encargan de integrarlos con normas de no sé qué tipo diseñadas por los que quieren el bien para los otros pero no contar con ellos. Si se deja alguna puerta abierta a la duda razonable y se rompe el pedestal de la clarividencia rotunda, a lo mejor el James Bond del PP se adhiere al club del ‘nunca digas nunca jamás’.
Debería pensar en quién va a plantar sus 500 millones de árboles, sobre todo teniendo en cuenta que lo mismo que ya no hay camareros como los de antes-según el gracioso Cañete- tampoco hay campesinos como los de antaño. Ya se sabe que lo que no quieren hacer los nacionales lo hacen los de fuera, eso sí, a precios distintos para tareas similares.
TEMAS RELACIONADOS: