Nino Olmeda | Miércoles 06 de febrero de 2008
El Servicio de Correos, dependiente del Ministerio de Fomento, parece que va a su rollo y pasa de atender las necesidades de los ciudadanos, que somos los que pagamos a través de nuestros impuestos este organismo público que cada día funciona peor. No es habitual recibir y enviar cartas en esta época donde la informática e Internet lo copan todo hasta el envío de mensajes, noticias y felicitaciones. Al menos en mi caso, las únicas cartas que recibo son las que me envían los bancos o el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid para informarme de que los recibos municipales están a mi disposición y de que si no abono el impuesto concreto en la fecha mencionada tendré un recargo considerable. Por esta razón, nunca me fijo en si el Servicio de Correos funciona correctamente. Pero llegó la ocasión de preocuparme de estas cosas cuando me avisaron de que algo esperado y necesitado llegaría a mi domicilio en una carta.
Pasaron los días y el cartero no aparecía. Pensé que se podía haber perdido la carta y cada mañana abría el buzón para comprobar que nada había más allá de la basura publicitaria que lo llena a diario. Por fin llegó la misiva y comprobé que el sello de la carta señalaba una fecha que era siete días antes de la llegada de la misma. El envío procedente de la capital llegó a Rivas una semana después de ser enviado. ¿Por qué tanto retraso? No lo sabía hasta que empecé a enterarme de la situación de esta empresa pública.
Algunos desean que aparezca como algo deficiente y cosa del pasado y parece que hacen todo lo necesario para que, visto lo visto, deje de estar dentro de lo público y pase a manos privadas, y si es posible manos amigas que poder estrechar cada vez que la política necesite de sus servicios. Envié a mi hija Azeguiñe a preguntar a la sede de Correos de Rivas y le contestaron que hojas de reclamación no hay y que si tiene prisa en recibir algo lo mejor es contratar un mensajero, privado, por supuesto. Eso sí, le explicaron que para reclamar lo mejor es hacerlo a través de Internet, que por suerte no es obligatorio.
Seguí preguntado y me enteré de que los actuales políticos de Correos están desarrollando planes para que el reparto de cartas en pueblos rurales y pequeños no se haga como siempre, es decir, de la puerta de la delegación de este servicio público a la puerta de la persona que recibe todavía noticias a través de cartas. La propuesta de estos listos es que se depositen las misivas en cajas grandes en algún punto cercano a alguna población más o menos grande. Allí irián los paisanos de esas zonas apartadas y con pocos habitantes a recoger sus envios. Eso de repartir casa por casa debe ser cosa del pasado. En Rivas vivimos más de 50.000 personas y es impresentable que las cartas tarden tanto en llegar.
Los empleados denuncian que con el poco personal de su oficina en este pueblo de sureste de la región no se puede repartir todo todos los días, que se producen extravíos y que hay sobrecarga de trabajo. Hace años, cuando esta localidad tenía muchos menos habitantes y Correos estaba en barracones se podía entender que todo funcionase tan mal, pero ahora no es posible comprender que haya tantos retrasos. Quizá todo tenga que ver con lo lindo que es conseguir que los servicios se degraden hasta un punto sin retorno que sólo admita la llegada de la sacrosanta iniciativa privada. Eso parece ser un funcionamiento propio de las derechas. ¿También de las derechas socialistas? ¿Y que piensa de esto el alcalde de mi pueblo?
NINO OLMEDA
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