Los hechos se produjeron el 11 de julio, cuando José Manuel L.R. patrullaba, junto a otros compañeros, por la calle Romancero Gitano, del distrito de Usera. Alrededor de las 3.30 horas recibió un aviso que alertaba de la huida de unos delincuentes que habían practicado un alunizaje en la zona. Tras ello, se desplazaron a la avenida de los Poblados, donde observaron que un vehículo blanco iba a gran velocidad.
Durante unos minutos, el coche patrulla persiguió al vehículo con señales luminosas y acústicas a fin de que parara. Finalmente, se detuvo en el camino Viejo de Villaverde, próximo al parque de Pradolongo, y el copiloto se bajó, emprendiendo su huida a pie. Los ocupantes del coche no eran los autores del alunizaje, pero habían robado el vehículo perseguido.
"Yo no disparé a ese señor"
Corrí detrás de él. Levante el arma y le di con la pistola en la cabeza. Entonces se produjo el disparo accidentalmente", relató el procesado, quien desenfundó el arma "décimas de segundo" después de que viera a la víctima sacar "algo del pantalón", que resultó ser un destornillador. "El disparo se produjo al contactar el arma con la cabeza", dijo.
En todo momento, sostuvo que el arma tenía el seguro puesto y negó que al inicio de la persecución desactivase los mecanismos de su pistola. A preguntas del fiscal, reiteró: "Yo no dispare a este señor en ningún momento". Aseguró que si hubiera pensando que el hombre corría algún riesgo le hubiera dado en la cabeza "con una piedra o con la mano abierta".
Aunque apuntó que conoce las instrucciones de la Policía a la hora de utilizar el arma reglamentaria en última instancia, José Manuel L.R. admitió que en los 21 años que lleva en el Cuerpo "siempre" la ha utilizado para amedrentar cuando lo creía "oportuno". "En este caso, era oportuno por el peligro que conllevaba. Cuando hay peligro se saca el arma", apostilló.
Por su parte, las acusaciones defienden que José Manuel L.R. limpió el escenario de los hechos, puesto que se encontró una vaina a unos 20 metros de donde se produjo el tiro. Frente a ello, el procesado argumentó que el casquillo del disparo se quedó dentro de la recámara y un compañero certificó que al escuchar la detonación pegó dos tiros intimidatorios al aire, por lo que la citada vaina podría venir de esos disparos.