madri+d | Lunes 28 de enero de 2008
Según el trabajo, desarrollado en el CSIC y publicado en ‘Synapse’,el éxtasis incide especialmente en el sistema dopaminérgico y en la dopamina, implicada en el aprendizaje
Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han probado que el consumo de éxtasis o MDMA, en cantidades abusivas, comparte mecanismos de degeneración neuronal con las enfermedades neurodegenerativas más frecuentes, como la enfermedad de Parkinson o la de Huntington.
El equipo que dirige Rosario Moratalla, en el Instituto Cajal (CSIC), en Madrid, analizó el impacto de esta droga en ratones, a los que se administró tres dosis espaciadas por tres horas. “La cantidad utilizada en este experimento equivaldría al consumo abusivo de éxtasis en un corto espacio de tiempo.
Sería superior al consumo de pastillas o MDMA durante un fin de semana, a
pesar de que suele ser habitual la ingestión de una nueva dosis cada vez que los efectos de la anterior desaparecen”, explica la investigadora.
Las conclusiones del estudio, que publica la revista Synapse, muestran que el éxtasis es neurotóxico e incide especialmente en los neurotransmisores de dopamina, muy implicados en el aprendizaje. Este efecto degenerativo de la droga afecta, según los resultados, primero a los estriomas y después a la matriz de una parte del cerebro conocida como el cuerpo estriado.
El patrón de degeneración que provoca el éxtasis, como explica Moratalla, es similar al de los primeros estadios de las principales enfermedades
neurodegenerativas, como la enfermedad de Parkinson, la de Huntington o la isquemia cerebral. “En este tipo de patologías, al igual que con el consumo de éxtasis, los estriomas son más vulnerables a la neurodegeración que la matriz”, apunta la investigadora del CSIC.
Efectos adversos
La neurotoxicidad del éxtasis, probada en el trabajo, se suma a otros efectos adversos, ya conocidos, asociados al consumo de este estupefaciente. Entre ellos, ansiedad, crisis de angustia, cuadros piscóticos o aumento de la presión arterial, la frecuencia cardiaca y la temperatura corporal.
Los últimos datos del último Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, correspondientes a 2007, señalan que en torno a 9,5 millones de europeos (el 3% de la población de la Unión Europea) han consumido de forma experimental (alguna vez en la vida) éxtasis.
De acuerdo con el estudio, el 4,4 por ciento de la población española ha probado este estupefaciente en alguna ocasión. Esta tasa de prevalencia, superior a la media, sólo es mayor en Reino Unido (7,2 por ciento) y República Checa (7,1 por ciento).