Opinión

Una persona normal

Rafael Martínez-Simancas | Lunes 21 de enero de 2008
Lamento apuntarme al club de los “yatelodijeyo”: cuando fueron a por los fumadores algunos alertamos que luego irían a por los gordos. Ya está. La obesidad mórbida es una enfermedad que afecta al seis por ciento de los españoles. Subrayo: enfermedad, (y no vicio). Prueba de la tragedia que supone vivir encerrado en una jaula de barrotes de carne son las operaciones a la desesperada para reducir el estómago, algunos de cuyos resultados fatales conocemos cada poco tiempo. Es tal la presión que se ejerce sobre el obeso que algunos prefieren tirarse de la vida en marcha.

El Defensor del Paciente le ha escrito a Magdalena Álvarez para que no añadan sal sobre la herida abierta, en este caso para que en los transportes públicos no se les tome por mercancía llegando a verse obligados a pagar dos billetes. Y, en todas las ocasiones, verse tratados como integrantes de un circo mundial que anda de gira, y soportar no pocos cachondeítos del personal a cuenta de lo que ocupa un gordo.

Este mecanismo de exclusión de la vida social en razón del peso es una tragedia que discrimina y que provoca no pocos calvarios. Y, por otra parte, nos lleva a pensar qué es una persona “normal”, la que entra en todos los cánones sin pagar exceso de equipaje. Y, si a los obesos mórbidos se les cobra un billete doble en trenes y aviones, ¿acaso a los pequeños y delgados se les hace un descuento?

Asistimos a otro episodio de la discriminación del diferente. Es posible que el AVE a Barcelona no llegue a tiempo antes del 9 de marzo, pero sería magnífico que a Magdalena Álvarez le llegara esa carta donde se recoge el triste penar del obeso viajero.

www.rafaelmartinezsimancas.com

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