Los cánticos de "Yo soy español" y "argentino el que no vote" se han mezclado este domingo con el sonido incesante de los claxon y los gritos de celebración que han invadido las calles de Madrid tras la victoria de España frente a Argentina en la final del Mundial. Los más de 50.000 aficionados que siguieron este domingo en las calles de Madrid la final del Mundial entre España y Argentina, a través de las pantallas gigantes habilitadas por el Ayuntamiento y la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), han estallado de alegría con el gol de Ferran Torres en la prórroga, que ha dado a la selección su segundo título mundial.
La mayor concentración de público se registró en la plaza de Colón, donde unas 35.000 personas asistieron al encuentro. La RFEF había instalado allí una pantalla desde el inicio del campeonato y, con motivo de la final, el Ayuntamiento reforzó el dispositivo con una segunda pantalla y un aumento del aforo.
En Puente del Rey, junto a Madrid Río, otras 15.000 personas siguieron el partido en las dos pantallas que el Consistorio mantuvo operativas durante toda la competición, según los datos del Área de Seguridad y Emergencias al cierre de los accesos.
A estos espacios se sumó el Madrid Arena, que también abrió sus puertas para retransmitir la final y reunió a más de 15.000 espectadores que celebraron la victoria de la selección española y la conquista de su segundo título mundial.
El triunfo ha desatado la euforia en una capital que ya había vivido el encuentro con intensidad desde horas antes. A la conclusión del partido, los abrazos, las banderas y los cánticos han tomado las calles. "Es histórico", repetían numerosos aficionados, mientras otros defendían que "nos merecíamos ganar" por el "dominio absoluto" que, a su juicio, mostró España durante la final frente al combinado albiceleste.
"Tenemos la segunda, pero podemos conseguir otra en cuatro años"
Entre los seguidores también se respiraba optimismo de cara al futuro. Algunos incluso hablaban del inicio de una "era española" en el fútbol de selecciones, convencidos de que la juventud del equipo permitirá seguir ampliando el palmarés en los próximos años. "Tenemos la segunda, pero podemos conseguir otra en cuatro años", afirmaba uno de los aficionados, que ya miraba al Mundial de 2030, organizado conjuntamente por España, Portugal y Marruecos.
Miles de personas siguieron la final a través de las pantallas gigantes instaladas por el Ayuntamiento de Madrid. La tensión fue constante durante todo el encuentro, especialmente tras el gol anulado a España en la prórroga, mientras los aficionados no dejaron de animar a la selección con cánticos durante los 120 minutos.
También hubo tiempo para los habituales gritos dirigidos contra Leo Messi y contra el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Sin embargo, el pitido final dio paso a una celebración histórica: dieciséis años después del inolvidable gol de Andrés Iniesta en Sudáfrica, España volvió a conquistar un Mundial y lucirá una segunda estrella sobre su escudo.