Opinión

Sopa de estrellas

Lidia López García | Viernes 03 de julio de 2026

Deseamos. ¿Y qué sería de nosotros si no lo hiciéramos? ¿Y qué sería de los demás?

Ni todos son iguales, ni tienen el mismo poder de cambio. Hay algunos deseos inmediatos que solamente determinarán si vamos de azul o de blanco y otros que, de cumplirse, acabarán decidiendo a qué nos dedicaremos el día de mañana o quién caminará a nuestro lado. Son cambiantes, dependen de la circunstancia. Si estuviéramos en mitad del desierto, probablemente el deseo más importante sería encontrar agua. O quizá el contrario, si lo que uno quiere es no alargar más las horas.

Creo que los ordenamos en escalones dejando en el de arriba los importantes. También aquellos que pensamos que tienen mayor grado de imposibilidad. Estos son los que a veces tendemos a dejar aparcados hasta que una noche, mirando hacia arriba, deseamos en silencio aquello que queremos. Como si alguien, desde allí arriba, pudiera dar un paso al frente por nosotros.

Con esto no digo que no haya que pedir cosas al cielo o a la vela de nuestro cumpleaños. Aunque pensemos que no se cumplen nunca y aunque nos hayamos confundido ordenándolos, lo importante es tenerlos, construir nuestra propia escalera. Hay algunos que esperarán pacientemente a que volvamos a mirarlos. Esperan a que, por fin, decidamos andar.

Por alguna razón llevo unas semanas más astronómicas de lo habitual, perdiéndome en las distancias y en los tiempos del espacio. Tiene su encanto esto de que las estrellas sigan brillando cuando ya no están y que lo único que nos alcance sea la luz de un tiempo pasado. Qué manera tan bonita de desafiar el irse. Será por esto por lo que cuando alguien fallece, nos queda la duda de si será una de ellas.

Con frecuencia, aquí el cielo aparece más veces de las que uno imagina. Basta la palabra infarto para que alguien empiece a hacer cuentas con el tiempo.

Entro en la habitación mientras elige la comida del día siguiente con sus nietos. Interrumpo la elección para preguntarle si esta tarde ha tenido dolor de pecho, como ocurrió por la mañana. El cateterismo es normal y las arterias coronarias dejar pasar la sangre como corresponde.

Pero hay algo más importante: una manita toquetea la pantalla.

—Mi abuela mañana va a comer sopa. A mí me gusta mucho, pero está más rica la sopa de estrellas.

—También es mi preferida —le digo.

Y yo me pregunto quién tuvo la idea de bajarlas del cielo y ponerlas en un plato. ¿Para quién?

Aun en pleno verano, con una ola de calor, alguien desea una sopa de estrellas y otras cosas. El cielo puede esperar, y seguiremos levantando la vista.