Opinión

La memoria de los Diez de Carabanchel sigue viva

Francisco Naranjo Llanos | Martes 23 de junio de 2026

Esta crónica está dedicada a quienes no vivieron los años de la dictadura franquista y en especial a las generaciones más jóvenes que conocen poco de aquella etapa de nuestra historia, incluso algunos consideran que en aquella nefasta época se vivía mejor. Han estudiado mucho, sin duda, pero la historia del movimiento obrero y de la lucha por las libertades sigue siendo una gran desconocida para muchos de ellos, Voy a intentar explicarlo con hechos y datos.

Había una vez un país llamado España que, en los años setenta del siglo pasado, vivía bajo una dura y cruel dictadura. En aquel tiempo, por el simple hecho de reunirse para hablar de los problemas laborales de los trabajadores, una persona podía ser detenida. Y si además era considerada dirigente sindical, aunque lo negara, podía acabar condenada a varios años de prisión. De eso trata esta historia.

Es la verdadera historia de los protagonistas del Proceso 1001, conocidos también como «Los Diez de Carabanchel».

El 24 de junio de 1972, los miembros de la Coordinadora Nacional de Comisiones Obreras celebraban una reunión en el convento de los Oblatos, en Pozuelo de Alarcón (Madrid). Representaban a distintas zonas de España y pretendían debatir un documento sobre la unidad sindical.

Los asistentes eran Marcelino Camacho, Nicolás Sartorius y Francisco García Salve, por Madrid; Eduardo Saborido, Fernando Soto y Paco Acosta, por Andalucía; Juan Muñiz Zapico, «Juanín», por Asturias; Miguel Ángel Zamora, por Zaragoza; Pedro Santisteban, por Vizcaya; y Luis Fernández Costilla, por Valladolid. Eran diez, aunque se esperaba la asistencia de algunos compañeros más que finalmente no pudieron acudir.

Apenas tuvieron tiempo para comenzar la reunión. La policía irrumpió en el convento y los detuvo como si fueran peligrosos delincuentes. Fueron encarcelados y procesados en la causa conocida como Proceso 1001. Su delito: reunirse y formar parte de la dirección de Comisiones Obreras, una organización considerada ilegal por el régimen franquista.

Un año y medio después, el 20 de diciembre de 1973, el mismo día en que ETA asesinó al presidente del Gobierno franquista, Luis Carrero Blanco, el Tribunal de Orden Público (TOP), uno de los principales instrumentos represivos de la dictadura, los juzgó y condenó a penas que oscilaron entre los doce y los veinte años y medio de prisión. En total, 162 años de cárcel para diez sindicalistas cuyo único «delito» había sido defender los derechos de la clase trabajadora.

Como muestra del tipo de justicia que impartía aquel tribunal, quedó para la historia la frase pronunciada por su presidente, José Francisco Mateu, cuando los abogados defensores solicitaron el aplazamiento del juicio, tras el atentado contra Carrero Blanco: «No sólo no suspendo el juicio, sino que si por mí fuera los fusilaba a todos».

Cincuenta años después, en 2023, se conmemoró el aniversario del Proceso 1001. Durante ese año, Comisiones Obreras y diversas instituciones rindieron homenaje a aquellos hombres que pagaron con años de cárcel la defensa de derechos y libertades que hoy disfrutamos en democracia.

Estos hechos no deben caer en el olvido. Cuando algunos llenan su discurso de palabras como libertad y democracia, conviene recordar que fueron trabajadores y trabajadoras, personas como los Diez de Carabanchel o los Abogados de Atocha, quienes, con sacrificio, cárcel, exilio e incluso con sus propias vidas, contribuyeron decisivamente a conquistar las libertades democráticas y los derechos sociales y laborales de los que hoy disfrutamos.

De aquellos diez compañeros ya nos han dejado Marcelino Camacho, Luis Fernández Costilla, Francisco García Salve, Juan Muñiz Zapico y Fernando Soto. Sirvan estas líneas también como homenaje a su memoria.

Tuve la suerte de conocer personalmente a todos ellos excepto a Luis Fernández Costilla y a Juan Muñiz Zapico, «Juanín», fallecidos prematuramente. A Marcelino Camacho, Francisco García Salve y Fernando Soto les dediqué en su día crónicas de homenaje y recuerdo.

Del resto sólo puedo decir que fueron y siguen siendo referentes imprescindibles del movimiento obrero español. Nicolás Sartorius, Miguel Ángel Zamora, Pedro Santisteban, Paco Acosta y Eduardo Saborido representan una parte esencial de nuestra historia reciente.

Aunque ya los conocía anteriormente, fue a partir de la conmemoración del 40 aniversario del Proceso 1001, en 2013, cuando tuve ocasión de compartir más tiempo con ellos. Aquel año, la Fundación Abogados de Atocha les concedió su Premio Anual y, por diversas circunstancias, participé junto a ellos en numerosos actos y cursos de formación dirigidos a jóvenes delegados y delegadas sindicales.

Entre 2013 y 2016 recorrimos buena parte de la geografía española gracias a una iniciativa impulsada desde la Secretaría Confederal de Formación de CCOO, dirigida entonces por Javier López Martín. Aquellos encuentros, bajo el título «Del Proceso 1001 a los Abogados de Atocha», acercaron la historia del movimiento obrero y del sindicalismo de clase a cerca de dos mil delegados y delegadas sindicales.

De Asturias a Extremadura, de Galicia a la Comunidad Valenciana, de Cataluña a Andalucía, pasando por Cantabria, Aragón, Castilla-La Mancha y Madrid, comprobamos el enorme interés de las nuevas generaciones por conocer la historia de su sindicato y de quienes lucharon por las libertades democráticas.

En aquellas jornadas participaron personas que habían vivido directamente algunos de los acontecimientos más importantes de nuestra historia reciente. Me impresionó especialmente la emoción con la que Alejandro Ruiz-Huerta, superviviente de la matanza de Atocha y presidente de la Fundación Abogados de Atocha, relataba aquellos dramáticos acontecimientos.

También recuerdo la claridad y capacidad pedagógica de Nicolás Sartorius; la cercanía de Cristina Almeida; la firmeza de Pedro Santisteban; el rigor de Paco Acosta; la extraordinaria mezcla de memoria, humor y compromiso de Eduardo Saborido; y la impresionante lucidez de Antonio Montesinos, abogado ya centenario, que dedicó toda una vida a la defensa de los trabajadores.

Más allá del protocolo, el objetivo fundamental de aquellos cursos era transmitir la historia del movimiento obrero, explicar qué fue el Proceso 1001, qué significó el sindicalismo de clase durante la dictadura, cuál fue el papel de los despachos laboralistas y por qué el atentado de Atocha marcó un antes y un después en el camino hacia la democracia.

Son cuestiones esenciales para comprender la España actual. Por eso resulta una lástima que esta parte de nuestra historia apenas tenga presencia en los programas educativos. Porque también es Historia de España.

Podría contar muchas más cosas de lo aprendido junto a estas personas, auténticas protagonistas de nuestra historia reciente. Pero para una breve crónica, y sobre todo para recordar a quienes lucharon por la libertad, la democracia y los derechos de la clase trabajadora, quizá sea suficiente.

Que la memoria de los Diez de Carabanchel siga viva. Porque conocer su historia es también comprender el valor de las libertades que hoy disfrutamos.