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"No quería que me miraran con pena": el valor de las pelucas oncológicas durante la enfermedad

Pelucas oncológicas de la Asociación Española Contra el Cáncer (Foto: Eduardo Diéguez).
Carlota Vergara | Domingo 05 de julio de 2026

La caída del cabello es uno de los efectos secundarios más visibles en algunos tratamientos oncológicos. Conscientes de esta situación, la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) desarrolla desde hace años un servicio gratuito de préstamos de pelucas oncológicas destinado a pacientes que afrontan tratamientos que conllevan la pérdida de cabello. Detrás de lo que podría parecer una herramienta meramente estética, las pelucas son un instrumento de acompañamiento emocional y recuperación de la autoestima. “La imagen es importante. Para nosotras no es una tontería”, ha manifestado Fernando Marín, trabajador social de la Asociación Española Contra el Cáncer.

Pilar Barrios Varela fue diagnosticada de cáncer de mama y tuvo que someterse a cirugía, quimioterapia y radioterapia. Pilar ha reconocido que la caída del cabello fue uno de los momentos más duros del proceso. “Cuando se te empieza a caer el pelo no eres consciente de que va a volver a salir ni en cuánto tiempo. Esa parte no la ves y entras en un estado de ansiedad terrible”, ha recordado. “Ves que se te está cayendo y quieres parar el proceso. Incluso cuando te explican que es algo temporal, tú no lo ves así. Piensas que estás perdiendo algo que forma parte de ti”, ha contado a Madridiario. Además, aquella transformación física se sumó al resto de cambios provocados por el tratamiento. “Se te caen las pestañas, las cejas, incluso las uñas. Hay momentos en los que sientes que te estás acabando, que te estás deshaciendo físicamente”, ha apostillado Barrios.

En este sentido, cuando una paciente llega a la Asociación Española Contra el Cáncer interesada en el servicio de pelucas, el proceso comienza mucho antes de probarse ningún modelo. Los trabajadores sociales realizan primero una entrevista en la que analizan la situación de la persona, sus necesidades y el momento emocional en el que se encuentra. Después, en caso de que la paciente acepte, se accede a una sala especialmente acondicionada para el servicio.

"Estaba empeñada en que nadie se diera cuenta y las pelucas me ayudaron muchísimo"

Ese espacio se convierte en un lugar seguro. “Aquí intentamos que tengan privacidad. Es un espacio de apoyo emocional. Muchas veces se derrumban porque es el momento en el que se muestran sin pelo delante de otra persona y afloran muchas emociones”, ha explicado Marín.

El trabajador social ha asegurado que la pérdida de cabello sigue estando rodeada de un fuerte componente social. “Muchas pacientes nos cuentan que la gente las mira con pena. Y ellas no quieren dar pena. No quieren ser vistas únicamente como una persona enferma”. Esta es una de las razones por las que muchas mujeres recurren a las pelucas durante el tratamiento.

Recuperar la normalidad

“Yo no conté mi diagnóstico a casi nadie. Lo sabían muy pocas personas. Estaba empeñada en que nadie se diera cuenta y las pelucas me ayudaron muchísimo”, ha destacado. Para Pilar, la peluca cumplió una función muy concreta durante la enfermedad, pues le permitió mantener una cierta sensación de normalidad. “Era mi manera de integrarme con el mundo desde mi normalidad. Me ayudó psicológicamente porque me hacía pensar que estaba mejor de lo que realmente estaba”, ha manifestado Pilar.

“Lo primero que pensé fue en mi pelo y en mis ovarios"

Las pelucas le ayudaron a continuar con su vida cotidiana sin sentirse constantemente observada. “Había gente que nunca llegó a darse cuenta de que estaba pasando por un cáncer. Incluso me decían que qué bien me quedaba el flequillo y yo nunca había llevado flequillo. La peluca consiguió que pudiera relacionarme con los demás sin sentir que todo el mundo estaba pendiente de mi enfermedad”.

Una experiencia similar vivió Yoana García González, que ha afrontado dos diagnósticos de cáncer de mama y recuerda con exactitud el momento en el que recibió la noticia. “Lo primero que pensé fue en mi pelo y en mis ovarios. Ni siquiera pensé en la muerte; asocié directamente la quimioterapia a quedarme sin pelo”, ha explicado. “Todas las mañanas me despertaba tocando la almohada para ver si ya había mechones. No me atrevía ni a tocarme la cabeza”, ha rememorado.

Esa capacidad para devolver la normalidad es uno de los principales beneficios que destacan los profesionales de la asociación. Marín ha insistido en que el objetivo no es ocultar la enfermedad, sino ayudar a que las personas se sientan cómodas consigo mismas. “Siempre les digo que elijan la peluca con la que se sientan bien. Hay mujeres que vienen buscando algo parecido a su pelo habitual y otras que aprovechan para probar estilos completamente diferentes. Lo importante es que se reconozcan y que se gusten”, ha detallado.

Cuando llegó el momento de raparse, decidió hacerlo rodeada de sus amigas y de su familia. “Dentro de toda la angustia que tenía, ellas consiguieron convertir aquello en algo bonito. Sentí que estaba muy acompañada”, ha señalado. Para ella, la peluca fue mucho más que un recurso estético. “Era una secuela muy visible de la enfermedad, pero no solo para los demás, también para mí. Me miraba al espejo y era como decir: ‘Aquí está el puñetero cáncer’”, ha confesado.

Yoana considera que llevar peluca le permitió recuperar parte de la normalidad que el tratamiento le había quitado. Además, destaca el impacto que tuvo en su forma de relacionarse con los demás. “No era cuestión de ocultar nada, sino de que la gente no me tratara con pena o de una forma diferente. Quería seguir saliendo, tomando algo y haciendo una vida normal”, ha explicado. “Para mí la peluca fue una herramienta que me dio mucha fuerza y fue muy importante durante todo el proceso”, ha concluido.

De paciente a paciente

El funcionamiento del servicio se basa en un sistema de préstamo y reutilización que permite que una misma peluca acompañe a varias pacientes a lo largo de los años. La mayoría de las piezas proceden de empresas y entidades colaboradoras especializadas en estética oncológica, aunque también existen donaciones de particulares. Según explica Fernando Marín, cada peluca pasa por un proceso de selección para comprobar que cumple unos estándares mínimos de calidad. Posteriormente se clasifica y se incorpora al servicio para que pueda ser utilizada por las pacientes.

Las pelucas están fabricadas con fibra sintética de alta calidad y tienen un aspecto cada vez más natural. "Ahora existen modelos con cuero cabelludo transparente que hacen que el resultado sea mucho más realista. Además son cómodas y fáciles de mantener", ha señalado. Su precio en el mercado oscila habitualmente entre los 300 y los 400 euros, una cantidad que puede resultar inasumible para muchas familias que ya están afrontando otros gastos derivados de la enfermedad. Gracias al sistema de préstamo, las pacientes pueden utilizarlas de forma gratuita durante todo el tiempo que las necesiten.

Cuando dejan de usarlas, las devuelven a la asociación. Entonces comienza un proceso de higienización y acondicionamiento realizado por empresas especializadas antes de que vuelvan a ponerse a disposición de otra persona. Pilar recuerda perfectamente ese día. “Todavía no estaba emocionalmente bien, pero ya tenía pelo. Muy cortito, pero era mi pelo. Y entendí que tenía que empezar a acostumbrarme a esa nueva imagen”, ha trasladado a este digital. Además, el hecho de que se tratara de un recurso compartido le otorgaba un significado especial. “Pensaba en cuántas mujeres la habrían utilizado antes que yo y en cuántas la usarían después. Eso me parecía muy bonito”, ha destacado.

Para Fernando Marín, ese momento también tiene una gran carga emocional. “Lo mejor de este trabajo es cuando vuelven. Las ves con su pelo, con sus cejas, con sus pestañas y te das cuenta de todo el camino que han recorrido”, ha asegurado.


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