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Atlético Birgueiro: 40 años de fútbol-7 en los campos de Madrid

(Foto: Atlético Birgueiro).

'UNA VIDA DE 90 MINUTOS'

Hugo García Reina | Sábado 23 de mayo de 2026

Rueda el balón sobre el césped artificial del campo de Las Trece Rosas, a sólo unos metros de la tapia oeste del cementerio de la Almudena. Atlético Birgueiro y Tukumanes CJB se enfrentan en la última jornada de la liga municipal de fútbol-7 del distrito de Ciudad Lineal. En los banquillos esperan su turno más suplentes de lo que suele ser habitual en una mañana de esta sunday league ibérica. Quizás sea porque el partido ha empezado a las 14:00 h. Nadie se ha quedado dormido –las noches del sábado las carga el diablo–. Y si alguno ha amanecido con el recuerdo de las últimas copas oprimiendo sus sienes ha tenido tiempo de recomponerse, vestirse de corto y purgar los excesos. “Yo he sudado un poco de Barceló”, confesaría más tarde uno de los jugadores.

El partido termina 7-4 a favor del Atlético. Las victorias de otros dos equipos que jugaban antes ‘invalida’ el esfuerzo y les relega a la tercera posición de forma definitiva. Pero no se aprecia un rastro de tristeza. El Birgueiro ha puesto fin a una temporada más, y ya van cuarenta años dando balonazos por los campos de Madrid. Todo empezó en el verano de 1985, cuando un grupo de amigos de Moralzarzal se apuntó a un torneo de fútbol sala que organizaba Alianza Popular en el Retiro –“tú fíjate, el tiempo que hará ya, no existía ni el PP”–. La familia de uno de los miembros, Nacho, trabajaba en una distribuidora de equipamiento deportivo, y les consiguió una equipación con la que solía entrenar el Real Madrid de baloncesto. “Jugábamos con los pantalones del mítico Fernando Martín, que nos llegaban por debajo de las rodillas, y unas camisetas que nos quedaban como una sotana”, recuerda Rafita.

Una imagen de cuando los veteranos del Atlético Birgueiro no eran tan veteranos (Foto: Atlético Birgueiro)

Después del primer fogueo pasaron del parqué a los campos de tierra (entonces, de fútbol-8) y más de cuatro décadas después, el proyecto se mantiene vivo gracias a un relevo generacional que sigue en transición. Julián, que va a cumplir 63 años, todavía guarda la portería; y comparte campo con sus dos hijos, Juli y Luis, y con su sobrino Rubén. “Jugar con la familia para mí es la hostia, es lo mejor que me puede pasar en la vida, pero cuando mi hermano y yo vivíamos juntos todas las rencillas de casa nos las traíamos al campo”, cuenta Luis. “Hubo un partido –asegura Maes por detrás– que casi se pegan y todo”.

El 'tercer tiempo': los cuatro pilares del Atlético Birgueiro

La madre de Rubén –y hermana de Julián–, Mari, hace las veces de presidenta. Todos, veteranos y noveles, coinciden en que ella, aglutinante entre ambas generaciones, es la responsable de que el equipo siga vivo. “Yo formaba parte de la pandilla y estábamos siempre juntos. Me impliqué mucho porque para mí era muy especial ir a verlos todos los fines de semana y me gustaba ayudarles con los aperitivos, con las fichas, el papeleo… Y sigo haciéndolo, porque me encanta”.

"El tardeo y el nocheo nos gusta mucho"

La presidenta celebra que, al ser un grupo de amigos y familiares, se haya mantenido “la esencia”, aunque asegura que los jóvenes son más competitivos y se cabrean más entre ellos: “Seguramente sea porque viven en un mundo diferente al de nuestra época”. Pero hay algo –quizá parte de esa “esencia” de la que habla Mari– que no ha cambiado: los de ahora, como los de antes, rinden igual o mejor en el 'tercer tiempo' que en los 50 minutos que dura el partido. “Este equipo es muy de la noche del sábado y ahora estamos metiendo la tarde de los domingos. El tardeo nos gusta mucho, el nocheo nos gusta mucho, pero obviamente también intentamos ganar el campeonato”, comenta Julián hijo.

Los veteranos jugando el tercer tiempo (Foto: Atlético Birgueiro)

Ferru, mediocentro de la nueva generación, recoge el guante para poner los puntos sobre las íes. “En el Birgueiro hay cuatro pilares –explica–: el primero es ir todos los martes por la tarde a jugar una pachanga; el segundo, venir al bar a tomar unas cerves; el tercero, no faltar al partido el domingo por la mañana; y el cuarto, volver a venir al bar después de jugar y empalmar con las copas de la noche”. Lo cuenta con (casi) todo el equipo, fundadores y herederos, reunidos alrededor de una mesa del Moraima –el bar de siempre– en la que no cabe un vaso más. Pues eso, el cuarto pilar.

José (62 años), junto a Julián, el último veterano que sigue en activo, hasta se ha traído botellas de los vinos que comercializa. “Estoy muy contento porque han venido los veteranos a vernos jugar y encima he metido un golito”, declara con tono de zona mixta post-partido. “Lo divertido es que podamos estar aquí todos celebrándolo, el fútbol al final es lo de menos”. Pero José, arropado por los de su quinta, no pierde la ocasión de marcar jerarquía: “¿A nivel futbolístico? Los jóvenes están muy por debajo de nosotros. ¡A años luz! Lo que pasa es que estos de ahora van al gimnasio, toman proteína y estas tonterías y, claro…”, ironiza entre las carcajadas de los viejos camaradas.

De ellos, cuentan las malas lenguas, se acuerdan todavía hoy en los garitos de Madrid. “¡No debe quedar ninguno abierto!”, responde uno. “Siempre salíamos el día de antes y más de una vez hemos mirado el reloj y hemos dicho: ‘¡Hostia, que jugamos dentro de tres horas!’”. Carlos, como primer padre de la nueva generación, aporta la voz de la sensatez e intenta resumir el fondo de la historia entre el jaleo de las batallitas y el chin chin de copas y jarras: “La peculiaridad de este equipo es que los que tienen 60 años hacían exactamente lo mismo que hacemos nosotros ahora. Que seguimos manteniendo el ‘espíritu birgueiro’ cuarenta años después”.

Los veteranos del Atlético Birgueiro quemando la noche madrileña (Foto: Atlético Birgueiro)

El documental: una vida de 90 minutos

Esta historia, esta peculiaridad, es la que ha recogido Rubén Mendiondo –el hijo de Mari, sobrino de Julián y primo de Luis y Juli– en el documental ‘Atlético Birgueiro: Una vida de 90 minutos’, que se estrena este sábado 23 de mayo en Cines Embajadores Río, y podrá verse a partir de entonces en el

“Vi una historia que podía resonar con nosotros pero también con todos los que hayan jugado al fútbol con sus amigos”, explica. De cara a los protagonistas de esta historia, es “un regalo”: “Quiero mostrar la hazaña que han conseguido los que estaban antes de nosotros, y mostrar nuestro respeto y compromiso para mantener este proyecto una generación más”. Rubén empezó a rodar el documental justo en el momento en el que estaba sucediendo el cambio. Los veteranos se empiezan a retirar y los jóvenes toman las riendas del equipo. “No es una presión heredada. Simplemente te das cuenta de que, en cierto modo, esto es una anomalía y por eso te entran ganas de hacer que el club dure lo máximo posible”.

La plantilla del Atlético Birgueiro (Foto: Atlético Birgueiro)

Un sentido de responsabilidad que comparten tanto los herederos sanguíneos –“la parte familiar influye y te hace dar un paso adelante”, declara Luis– como los amigos que han ido subiéndose a este tren por el camino.“Yo lo vivo mucho porque para mí el fútbol en esta situación es el momento más importante de la semana”, cuenta Carlos. Quizá porque sea el momento en el que él, que ya es padre, puede volver a sentirse como un niño.

"Si no existiera esto, más de la mitad de los amigos nos separaríamos o no nos veríamos tanto"

“En un grupo de amigos que se conocen desde pequeños, lo que hace que la amistad perdure en el tiempo es el deporte y en nuestro caso el fútbol. Cuando creces, tu vida cambia. Unos se casan, otros tienen hijos, otros se van a otra ciudad por trabajo… Lo que mantiene el vínculo es el fútbol. El saber que yo, todos los domingos, tengo partido. Ese momento en el que todos los amigos tenemos nuestra hora. Si no existiera esto, más de la mitad de los amigos nos separaríamos o no nos veríamos tanto. Para nosotros el fútbol es el punto de unión”. Igual que la amistad es el cimiento en la existencia de este club, el fútbol es el ancla que mantiene unido al grupo.

Mari, la presidenta, mira a las más de 20 personas que hablan, ríen y beben en torno a una mesa que lleva horas mascando memorias y generando nuevos recuerdos. “Es un orgullo y una sensación tan bonita que es casi mágico”, dice. Su hijo Rubén lo tiene claro: “Queda mucho Birgueiro. Nuestra generación, seguro; luego habrá que gestionar cómo hacemos con los hijos". Y Carlos logra por fin condensar en una frase –seguro que el vino le ha dado un empujón– todas las ideas con las que intenta explicar al Birgueiro, su segunda familia: “Equipos hay muchos y amistades, infinitas. Pero grupos que perduren tanto gracias a ambas cosas, no tantos”.

Ya en la sobremesa, punto final de la cuadragésima temporada, la presidenta alza la copa y brinda: “Que nunca lo dejéis y que dure para siempre”.

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