Desde mediados de marzo, el embalse de Picadas presenta una imagen poco habitual para los que acostumbran a verlo: un nivel de agua muy por debajo de lo normal y que ha llamado la atención tanto de vecinos como de visitantes. Sin embargo, detrás de esta peculiar estampa no hay una posible sequía, sino tareas de mantenimiento en la presa que contiene el agua del embalse.
Según explica la Confederación Hidrográfica del Tajo, “el descenso del nivel de embalse se ha producido para permitir la reparación de las compuertas del aliviadero de la presa”. Se trata de una actuación de “urgencia” y cuyo plazo de finalización actualmente es incierto: “Los tiempos de llenado y vaciado del embalse dependerán de las circunstancias de las obras y, por el momento, no se pueden precisar”, añaden.
El descenso del nivel no ha dejado indiferente a nadie, especialmente al tratarse de un embalse que no suele sufrir problemas de abastecimiento y en un contexto muy favorable en la región debido a las lluvias de febrero. La Comunidad de Madrid, de hecho, inició marzo, antes del vaciado con los embalses en torno al 86 por ciento de su capacidad, lo que ha acentuado el contraste de la actual estampa.
El rastro de consecuencias que está dejando el vaciado no se ha hecho esperar. El impacto más inmediato se ha producido en la actividad deportiva en el entorno. La Federación Española de Piragüismo, que entrena en la zona, traslada a este diario su sorpresa cuando tras una competición nacional el nivel del agua “cayó de forma drástica en apenas 24 horas”.
Desde entonces, como cabría esperar, se ha hecho “impracticable” la zona de entrenamiento, ya que el área de embarque ha quedado completamente seca, impidiendo el acceso al agua en condiciones de seguridad. La federación señala además que esta circunstancia se da después de una costosa inversión en el área de entrenamiento del embalse, que ahora mismo se demuestra inútil.
Ante este escenario, el equipo nacional tuvo que trasladar sus operaciones primero al Pantano de San Juan y posteriormente a Laias, en Galicia para poder continuar con la preparación de las competiciones internacionales que ya se asoman.
En el ámbito local, el efecto es por ahora más contenido, aunque la incertidumbre ahora que empieza la temporada de baño no está ayudando. Empresas de turismo y actividades en el embalse con las que ha podido hablar este medio reconocen que la bajada del nivel ha reducido la actividad, aunque matizan que los efectos no están siendo devastadores, ya que la temporada alta todavía no ha comenzado.
La situación que ya se prolonga desde hace más de un mes, incluso obligó a algunos negocios en Semana Santa a derivar la totalidad de su oferta a senderismo o excursiones de montaña, mientras otros directamente optaron por no abrir.
Aunque el horizonte tampoco se presenta del todo adverso. Algunos de estos negocios contemplan trasladar su actividad al Pantano de San Juan para no echar mayo a perder, aunque se mantienen esperanzados de que las tareas finalicen lo antes posible.
Pese a la fotografía que presenta el embalse, los expertos llaman a la calma. Desde GRAMA (Grupo de Acción para el Medio Ambiente), señalan que el embalse se sitúa actualmente por encima del 60 por ciento de su capacidad, un nivel que no compromete a la fauna del entorno y que consideran “normal” en términos hidrológicos”.
La sorpresa que provoca entre los visitantes se debe en gran medida, según explican, por las características del propio embalse, encajonado en un valle estrecho, lo que amplifica visualmente cualquier descenso del agua.
En cuanto a la fauna, descartan un impacto relevante. “Un embalse que está al 60 por ciento no tendría que verse afectado”, indican, subrayando además que en esa zona predominan especies exóticas, adaptadas a aguas embalsadas.
De hecho, apuntan que la suelta del agua por el vaciado del embalse podría tener incluso efectos positivos en el río Alberche, al aportar caudal en un momento del año, en el que conviene que sea elevado, lo que favorece a las especies autóctonas.
Desde el punto de vista técnico, los ecologistas coinciden en que este tipo de actuaciones, aunque incómodas, son necesarias para garantizar la seguridad de las presas, especialmente en cuencas con población aguas abajo. “Hay que celebrar que se atiendan las presas, no como ocurre en muchas en las que las empresas encargadas las descuidan porque no le sale a cuenta”, comentan.
En un año hidrológico favorable como resultado de las lluvias pasadas, consideran también que el momento escogido para llevar a cabo las obras tampoco es problemático, ya que el sistema puede recuperar los niveles con relativa rapidez.
Mientras tanto, hasta que acaben las obras, el embalse de Picadas seguirá ofreciendo una imagen inusual para vecinos y visitantes, en uno de los puntos favoritos entre los madrileños para escapar del asfalto, aunque sea de forma temporal.