Cada vez resulta más difícil encontrar en la ciudad espacios amplios pensados para sentarse a leer un libro, charlar con amigos o simplemente detenerse un rato sin prisa. El mobiliario urbano contemporáneo parece haber dejado de lado la función básica de descansar o hacer barrio. Bancos sin respaldo, superficies inclinadas o reposabrazos colocados estratégicamente para impedir acomodarse durante varios periodos o tumbarse son algunos son parte de los elementos que en los últimos años se han instaurado en diferentes urbes.
A falta de pocos detalles para que se descubra el aspecto definitivo de la renovada plaza de Tirso de Molina, en el distrito Centro, la intervención en esta zona ya ha abierto el debate sobre el mobiliario urbano que la acompaña. Lo que se puede ver hasta ahora apunta a un espacio más diáfono y pensado para el tránsito, donde los bancos son escasos y las superficies se han diseñado para evitar la estancia prolongada. Una configuración que no ha dejado indiferente a los vecinos y que ha reavivado la discusión sobre si la plaza debe invitar a quedarse... o ser simplmente un espacio para transitar.
Desde la Asociación Vecinal Corrala Latina- Rastro-Lavapiés, su presidente, Manolo Osuna, reconoce que entre los vecinos de la zona existe un desacuerdo profundo. "Nosotros somos de la opinión de que tendría que haber más bancos, porque hay mucha gente mayor en el barrio", explica. Sin embargo, admite que entre los residentes de la zona no existe un consenso claro y que "muchos no están de acuerdo con la instalación" de este tipo de inmobiliario. El motivo, señala, es que los bancos se conviertan en lugares de estancia prolongada, con problemas asociados como el ruido o el uso por parte de las personas sin hogar.
"Es un problema, porque unos quieren y otros no"
El conflicto sobre la inslatación de bancos en el distrito Centro no es nuevo. Calles como Conde de Romanones ya ha vivido situaciones similares, donde los bancos instalados fueron posteriormente retirados por la presión vecinal y comercial: "Es un problema, porque unos quieren y otros no".
Para Osuna, las plazas amplias como Tirso de Molina deberían invitar a sentarse, especialmente en un entorno con escasez de zonas de descanso. No obstante, comprende a aquellos vecinos que prefieren que este tipo de elementos no se instalen. "En mi opinión debería de haber bancos para que la gente se siente. Es una plaza amplia y tiene algo de sombra y esto no es habitual con las plazas tan duras que tenemos en el barrio", apunta.
La negativa de buena parte de los vecinos a la colocación de estos elementos responde, en gran medida, a problemas que arrastra desde hace años la plaza de Tirso de Molina. Algunos residentes alertan de la presencia habitual de pequeños 'trapicheos' y temen que la instalación de más bancos favorezca la permanencia prolongada de este espacio, agravando situaciones que ya consideran conflictivas. A todo ello se suma la preocupación por que la plaza pueda convertirse en un punto de estancia para personas sin hogar, dado que en sus inmediaciones existe un comedor social, lo que, a su juicio, podría intensificar el uso del espacio como lugar de descanso continuado.
La decisión final, al menos por ahora, se inclina hacia la no colocación de estos elementos. El área de Obras y Equipamientos del Ayuntamiento de Madrid, responsable de la remodelación de este espacio, ha confirmado a Madridiario que reducirá el número de bancos inicialmente previstos tras varias reuniones mantenias con los vecinos en la Junta del Distrito.
El Ayuntamiento ha limitado su instalación tras varias reuniones con los vecinos
Según fuentes municipales, la petición mayoritaria ha sido limitar estos elementos, lo que ha llevado a modificar el diseño original. De hecho, a modo de curiosidad, en los render publicados en un primer momento se podía apreciar la instalación de varios bancos.
El resultado, según denuncian algunos madrileños en redes sociales, se acerca a un modelo de "espacio de paso" más que de estancia con la eliminación de bancos y con "la incorporación de elementos que dificultan sentarse como algunas superficies inclinadas". "La plaza es más limpia visualmente, pero menos acogedora", denuncia un residente.
La remodelación no solo ha afectado en el número de bancos. El proyecto también ha ajustado la presencia de arbolado en la zona. Aunque el Ayuntamiento destaca que la plaza contará con 62 árboles en total tras la plantación de 22 nuevos ejemplares.
A pesar de ello, los vecinos creen que va a ser una plaza "más diáfana" y con "mayor seguridad" porque "desde cualquier punto puedes ver el otro lado de la plaza". No obstante, los residentes también se han mostrado reacios a que los bares de la zona puedan aumentar su número de mesas en la terraza aprovechando todo ese espacio que ahora va a permitir la plaza, aunque por el momento esto no ha sido así: "Nos temiamos que se ampliaran en número de las terrazas, pero esto no ha sido así. Los bares tienen las mismas mesas que tanían hace dos años".
Con una inversión cercana a los tres millones de euros, la nueva Tirso de Molina se enmarca en un conjunto de inversiones en el distrito Centro que buscaban "ordenar un conjunto de espacios estrechamiente vinculados entre sí y en grave estado de deterioro", entre los que se encuentra también la plaza Matute, la calle Cruz (ya finalizada) o la plaza y aparcamiento Jacinto Benavente.