Opinión

Que se acerquen a nuestro modelo

Luis Miguel Jurado | Lunes 30 de marzo de 2026

¿Alguien ha leído el extenso informe que hace unas semanas presentó el Ministerio de Trabajo y Economía Social sobre Democracia en el Trabajo? Más de 400 páginas en las que una comisión internacional de alto nivel diagnostica una realidad que desde el cooperativismo de trabajo asociado venimos subrayando desde hace décadas: la empresa no es solo un espacio económico; es también un espacio político donde se toman decisiones colectivas de forma horizontal, incluido el organigrama y la distribución de poder. El dosier confirma que en España la participación de las personas trabajadoras en las decisiones estratégicas sigue siendo “muy tímida”, y que el mandato del artículo 129.2 de la Constitución -sí, ese que exige fomentar las sociedades cooperativas y promover la participación de las personas trabajadoras en la propiedad de los medios de producción- continúa siendo una ambición por escrito medio siglo después.

Ante esta constatación, la hoja de ruta que plantea el documento es clara: desarrollar un Índice de Desarrollo Democrático Corporativo, impulsar la representación de las personas trabajadoras en los órganos de gobierno y extender un modelo donde la voz y la propiedad se articulen de forma equilibrada. A modo de experiencia europea útil, el texto alude a los consejos de vigilancia alemanes, donde la codecisión es una práctica consolidada que fortalece la competitividad y la cohesión social.

Estamos ante un nuevo intento de que las empresas mercantiles transiten una democratización que las acerque a maneras de funcionar como las de las cooperativas y otros modelos de la economía social. “Alla maniera di”… Y en este sentido, sería muy deseable conseguir contagiarlas de algunas de nuestras virtud

Sin embargo, no nos engañemos. Desde COCETA celebramos que se sitúe en el debate público la realidad política de las empresas y que, por tanto, se apliquen arquitecturas más democráticas que incorporen no solo a quienes invierten su dinero, sino también a quienes invierten su tiempo y salud a través de su trabajo. Efectivamente: “tú pones el dinero, pero mi trabajo es igual de necesario para que un proyecto se materialice en un producto o servicio”. Esta relación sigue sin estar justamente valorada, supongo que desde que el mundo es mundo comercial, y no será por falta de formulaciones, sobre todo teóricas. Reconozco que tampoco es mi terreno de actuación ni conocimiento, si bien tengo claro que algo hay que hacer.

Volviendo al informe, recoge ideas que coinciden con el ADN de nuestras cooperativas de trabajo: una persona, un voto; participación real en la gestión; corresponsabilidad; igualdad en la toma de decisiones; y un reparto más justo de los resultados económicos y del valor social generado. Pero, honestamente, veo complicado que esto se aplique a modelos de empresa que no están enmarcados en la economía social. Cuando en el centro están la rentabilidad y los beneficios, poner límites es harto complicado. Es una cuestión de equilibrios y de miradas colectivas con el horizonte situado en la prosperidad ampliamente entendida, y no en cerrar el año con ingentes cantidades de beneficios. Pero ¿van a estar dispuestas? Ojalá, nuestra sociedad sería más justa, ganaríamos todos.

Señala el susodicho que la evidencia europea demuestra que la participación de las personas trabajadoras en la gestión mejora la estabilidad, la innovación y la resiliencia de las empresas, algo que podemos constatar desde las cooperativas de trabajo, como recientemente demostramos en la pandemia de la Covid-19. Somos la prueba viva de que democratizar la empresa funciona y el tiempo no hace más que darnos la razón. Llevamos más de un siglo demostrando que empresa y democracia se fortalecen mutuamente. Estoy convencido de que la mayor cohesión interna, el compromiso y la estabilidad, señas de identidad cooperativas, se amplificarían en nuestras sociedades si la democratización alcanzase a cuantas más empresas, mejor.

¿Qué decir, entonces? Que se acerquen un poquito a nuestro modelo, sin lavados de cara, que es lo que suelen históricamente hacer para marcarse un Gatopardo (eco blanqueo, pinkwashing y otro tipo de maquillajes). Que dejen de inventar conceptos que ya están inventados y se practican en la economía social, o al menos que los apliquen. Esa sería la democratización que se antoja posible, hay mucha teoría impracticable en la propuesta. Para empresas democráticas, ya estamos las cooperativas. El resto, que cambien algo para que algo cambie.

Lo más útil del documento es que ha puesto sobre la mesa la oportunidad histórica de que España avance en la democratización del paradigma empresarial, que conllevaría un paso de gigante en pro del bienestar colectivo. Desde COCETA hacemos un llamamiento al conjunto de administraciones, agentes sociales y fuerzas económicas para impulsarlo sin tibiezas. Mientras, el cooperativismo de trabajo seguirá dando la cara, proponiendo y construyendo democracia, que en los tiempos que corren, es mucho.