Aunque el jugar con una pelota para lanzarla a otro compañero ya era un juego muy antiguo, la realidad es que el balonmano es un deporte relativamente joven, pues su reglamentación data de finales del siglo XIX, donde el handball se practicaba principalmente en centro Europa, atendiendo a las condiciones climáticas que ayudaban a su práctica en instalaciones cerradas.
El juego se realiza en un campo rectangular con dos porterías colocadas a los fondos, donde hay un área que delimita la portería y está considerada como una zona exclusiva para el portero, que no puede ser pisada por los jugadores de ninguno de los dos equipos. Pisar la misma, podría ser señalada como falta, tanto por un jugador ofensivo, como por un jugador defensivo porque se consideraría, en este caso, como “defensa dentro del área”.
Los equipos están formados por 7 jugadores cada uno, destacando la figura del portero, último baluarte de la defensa y encargado de impedir la entrada del balón en la red utilizando manos y pies, siendo los otros jugadores quienes reparten sus posiciones en central (cerebro del equipo), dos laterales derechos e izquierdos, dos extremos uno a cada lado y el pivote, el hombre entre líneas que libra duras batallas para romper las defensas. A diferencia del guardameta, estos no pueden usar los pies para tocar la pelota.
Todos los lanzamientos se realizan desde fuera del área de portería, el contacto físico es por reglamento limitado, pero la realidad es que la rudeza es mucho mayor de lo establecido. Los cambios son ilimitados, y ante las faltas graves, se produce una expulsión de 2 minutos, o una sanción desde los siete metros, lo que en el fútbol se conoce como penalti. También se reconocen los tiros francos cuando la falta no es tan intensa. Todo esto batallado en dos tiempos de 30 minutos.
El objetivo del juego es conseguir trasladar la pelota al campo contrario para encontrar una posición adecuada de lanzamiento, de tal forma que cada vez que se consigue introducir la pelota en la red de la portería contraria sumaría un punto (gol), siendo el equipo que más goles obtenga el ganador del partido.
Como deporte ya apareció en las Olimpiadas de Berlín de 1936, con un formato de 11 jugadores en un campo de mayor tamaño que el actual. Con el paso de los años el juego se realizaba en espacios cubiertos y la necesidad del tamaño de la pista obligó a dejarlo en 7 componentes, esto facilitó su retorno en las Olimpiadas de Munich de 1972 en la modalidad masculina; en las Olimpiadas de Montreal de 1976 empezaron a participar las mujeres, y desde donde entonces nunca se han ausentado del programa olímpico.
El organismo responsable de su reglamentación y organización es la IHF (International Handball Federation) o Federación Internacional de Balonmano, desde donde se organizan los campeonatos del Mundo y los campeonatos continentales que son competiciones de selecciones nacionales organizadas por las federaciones continentales afiliadas a la IHF. Destacan el Europeo (EHF), Africano (CAHB), Asiático (AHF), Panamericano (PATHF/COSCABAL) y Oceanía (OCHF), que sirven para coronar al mejor equipo y lograr la clasificación para el Mundial o los Juegos Olímpicos. A nivel de clubes europeos la competición más importante es la Liga de Campeones.
Las grandes potencias de este deporte se encuentran en Europa, donde países como Francia y en especial todos los equipos escandinavos son los grandes de este deporte. Alemania o España tienen un alto nivel que les permite luchar por las victorias de los grandes campeonatos internacionales en los últimos años; en el resto del mundo, algunos países africanos despuntan con grandes jugadores como Egipto o Túnez y en el continente americano Brasil o Argentina tienen la voz cantante.
Aunque en balonmano somos una gran potencia mundial, la realidad es que como en otros deportes exportamos jugadores de un grandísimo nivel a otras ligas, como la francesa y la alemana, donde hay más recursos. La falta de patrocinios, y en mayor medida, la falta de apoyos institucionales, en nuestra liga nacional, nos deja con una competición carente del glamur que tienen las competiciones francesas, alemanas o escandinavas, aunque invito a seguirla porque se pueden ver partidos de alto nivel con un juego espectacular. Por cierto, desde aquí nuestro agradecimiento a las aficiones que siguen con fidelidad a sus clubes.
Pero lo increíble, es que el trabajo de nuestros jugadores y de los entrenadores españoles, nos permite ser considerados entre los mejores; sirva como ejemplo el alto número de ellos que dirigen selecciones nacionales. Esto nos sitúa entre los favoritos para pelear por las preseas en los grandes eventos de este deporte. El balance final en categoría masculina (los Hispanos) es de dos campeonatos del mundo y tres bronces, en los europeos dos oros y cinco platas más dos bronces, mientras que en las Olimpiadas cinco bronces nos avalan ante el mundo.
Resaltar que no es sólo el equipo masculino porque el equipo femenino no tiene nada que envidiar y las Guerreras, como se las conoce en el mundillo, aportan a nuestro palmarés, nada más y nada menos que una plata, acompañada de otro bronce en el Campeonato del Mundo, más dos platas en el Campeonato Europeo y un bronce en los Juegos Olímpicos.
La Federación Española de Balonmano, en estos momentos se encuentra en un proceso de regeneración de la selección nacional, tanto el equipo femenino como el masculino: el trabajo del deporte base ha generado sus frutos y desde aquí podemos presumir de una nueva generación que nos regalará numerosos éxitos. El programa de la Federación Española de Balonmano está dando sus frutos, toca ahora paciencia, pues los éxitos llegarán, pero tendrán que ser muy peleados porque el balonmano internacional sigue creciendo y conseguir retornar a la cumbre necesitará su tiempo.