Durante la Transición democrática, las asociaciones vecinales desempeñaron un papel fundamental en la transformación de muchos barrios de Madrid.
El rápido crecimiento urbano de los años sesenta había dejado numerosos barrios con carencias importantes en infraestructuras y servicios públicos.
Ante esta situación, los vecinos comenzaron a organizarse en asociaciones que reclamaban mejoras para sus barrios.
Protestas como la manifestación de Canillas en marzo de 1976 se convirtieron en precedentes de un movimiento vecinal que se extendería por toda la ciudad.
Barrios como Vallecas, Orcasitas, Villaverde o Carabanchel vivieron movilizaciones que impulsaron la construcción de colegios, centros de salud, parques y mejoras en el transporte público.
Muchos historiadores consideran hoy que aquellas asociaciones vecinales fueron una auténtica escuela de participación democrática.
En sus reuniones, miles de ciudadanos aprendieron a debatir, organizarse y negociar con las instituciones, contribuyendo así a la consolidación de la democracia en España.