La Corrala de Mesón de Paredes está catalogada como Monumento Nacional desde el año 1977. Poco parece importar esa clasificación al Ayuntamiento de Madrid porque lleva seis años sin erradicar el vandalismo grafitero que la ataca sistemáticamente. El 5 de noviembre de 2019, Madridiario informó sobre la proliferación de pintadas en este monumento. El 19 de junio de 2023 insistimos en este abandono. Se había remodelado la plaza que se abre delante del edificio de viviendas y los vecinos pensaron que se aprovecharía para limpiar los grafitis. No fue así. La situación en la plaza mejoró algo pero también en la noche, se convierte en un paraje que despierta cierta inquietud. La imagen que presenta es de desidia y abandono.
El barrio de Lavapiés es, actualmente, uno de los más visitados por el turista nacional e internacional. Básicamente por el ambiente de sus calles y la apertura de un nuevo comercio y hostelería de proximidad. Y por los pisos turísticos, claro. El barrio no tiene un catálogo de monumentos que llamen la atención. El punto más singular es, precisamente, el entorno de la plaza de Arturo Barea, donde se levantan las ruinas de las Escuelas Pías de San Fernando convertidas en una de las bibliotecas más hermosas de la ciudad. Enfrente se halla la Corrala.
Este magnífico ejemplo de un tipo de viviendas que fue habitual en el siglo XIX, y que se propagó por varios distritos, es desde 1985 propiedad municipal. La salvó del derribo al que la habían condenado sus propietarios, en 1979, por veinticinco millones de pesetas. Tenía ese año sesenta y tres vecinos. Una placa en la fachada recuerda que inspiró a varios compositores de zarzuela para sus obras más populares, como La Revoltosa o La verbena de la Paloma. Aprovechando ese ambiente natural, durante algunos años directores como José Tamayo o José Osuna levantaron escenarios veraniegos en la plaza para ofrecer esos espectáculos, que gozaron de gran popularidad hasta que las calles del barrio se volvieron inseguras.
El hecho de que no se borren la pintadas provoca que se sigan haciendo más y más. Los vándalos lo tienen bastante fácil porque encima de la base hay una especie de escalón al que pueden subirse fácilmente y manejar los botes de pintura con comodidad.
La Corrala vandalizada y, como decimos, sin limpiar desde hace más de seis años, contribuye a crear una imagen de suciedad y desidia en el barrio. Corresponde al ayuntamiento la restauración y el estudio de medidas que impidan la degradación continuada.
Al no tener en este momento un edificio que la encierre, como sucede con casi todas las corralas, esta deja a la vista de todos los caminantes las galerías, los corredores de estas minúsculas viviendas que fueron el refugio de la clase trabajadora, asentada en Lavapiés. Vistos los antecedentes, mucho nos tememos que dentro de otros seis años tengamos que volver a denunciar esta situación que se alarga ya demasiado en el tiempo.