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Adolfo del Cueto Aramburu: geopolítica en 2026 y por qué la volatilidad externa seguirá pesando en los mercados

Economía (Foto: Pixbay).
MDO | Lunes 02 de febrero de 2026

En un entorno de mercados globales que navega hacia una nueva normalidad, la firma de servicios financieros Bulltick, liderada por Adolfo del Cueto Aramburu, ofrece un análisis sobre las perspectivas macroeconómicas para 2026. Para la comunidad inversora, comprender las dinámicas que dictarán el ritmo de la economía mundial es fundamental.

El siguiente análisis profundiza en los factores de volatilidad externa que continuarán influyendo en las decisiones de inversión. Pondrá un foco especial en el comportamiento de la economía estadounidense como epicentro de presiones geopolíticas y financieras a escala global.

Del Cueto, con 25 años de experiencia en el sector financiero, subraya la importancia de una perspectiva informada. "Vivimos en una era de interconexión sin precedentes, donde las decisiones de política monetaria y fiscal de una economía líder como la de Estados Unidos repercuten instantáneamente en el resto del mundo. La clave para navegar este escenario no es predecir, sino entender las fuerzas subyacentes y prepararse para un rango de resultados posibles", afirma.

Bulltick, fundada en 1999, se ha consolidado como un referente en Latinoamérica y ofrece su experiencia a inversores que buscan una gestión patrimonial sólida en tiempos de incertidumbre.

La desaceleración sincronizada: un crecimiento global moderado

El panorama para 2026 apunta a una continuación de la desaceleración económica global, aunque de una manera controlada. Las proyecciones de Bulltick sitúan el crecimiento mundial en un 2.9%, una cifra ligeramente inferior al 3.0% esperado para 2025. Esta tendencia consolida la fase de normalización tras el extraordinario repunte del 6.6% en 2021.

El enfriamiento será una respuesta directa al menor dinamismo de los principales motores del crecimiento global. Economías clave como China, India, Japón y la zona euro mostrarán avances más moderados. Aunque China e India seguirán encabezando el crecimiento entre los mercados emergentes, lo harán con un vigor reducido.

En este contexto de moderación generalizada, las economías desarrolladas mantendrán un crecimiento resiliente pero cauteloso. La excepción a esta regla será Estados Unidos, que se perfila para mantener un ritmo estable y ligeramente por encima de su potencial. Actuará como un ancla de estabilidad, pero también como una fuente principal de volatilidad para el resto del mundo.

Estados Unidos: el motor resiliente que exporta volatilidad

Contrario a la tendencia global, la economía estadounidense proyecta una fortaleza notable.

Con un crecimiento del PIB estimado en un 2.3% para 2026, superando tanto el ritmo de 2025 como su potencial a largo plazo de 1.8%, Estados Unidos se desmarca de sus pares. Este desempeño favorable se sustenta en un consumo privado sólido, un mercado laboral relativamente estable, y una creciente ola de inversión canalizada hacia el sector de la inteligencia artificial.

Sin embargo, esta fortaleza no está exenta de generar tensiones externas. La política monetaria de la Reserva Federal, las presiones inflacionarias persistentes y un abultado déficit fiscal son factores que, originados en Estados Unidos, se convierten en variables críticas para el resto del planeta.

El consenso del mercado asigna una baja probabilidad a una recesión en el corto plazo, situándola en torno al 30% para 2026. Esto sugiere que la economía estadounidense tiene el suficiente vigor para evitar una contracción, pero su política económica seguirá siendo un factor dominante en la escena geopolítica global.

La inflación persistente y la pausa de la Reserva Federal

Uno de los mayores focos de incertidumbre para los mercados globales es la trayectoria de la inflación en Estados Unidos. El análisis considera poco probable que la inflación alcance el objetivo del 2.0% fijado por la Reserva Federal en 2026. Las estimaciones apuntan a una tasa del 3.3% a mediados de año, para cerrar en torno al 2.9%. Esta resistencia de los precios obedece en gran medida a factores estructurales, que explican aproximadamente el 60% del exceso inflacionario.

Esta dinámica inflacionaria condiciona directamente las decisiones de la Reserva Federal. Tras haber recortado su tasa de referencia en tres ocasiones durante 2025 para situarla en 3.75%, el escenario base prevé una pausa prolongada que se extenderá hasta mediados de 2026.

Esta postura de "esperar y ver" por parte del banco central más influyente del mundo introduce un elemento de tensión en los mercados financieros globales. La divergencia en las políticas monetarias, con una Fed en pausa mientras otros bancos centrales podrían verse forzados a actuar, crea un entorno complejo para la valoración de activos y los flujos de capital internacionales.

Mercado laboral y desafío fiscal: las caras opuestas de la moneda

El mercado laboral estadounidense, aunque en proceso de enfriamiento, sigue mostrando una notable fortaleza. Se proyecta que la tasa de desempleo cierre 2026 en un 4.4%. Si bien esta cifra se sitúa ligeramente por encima del nivel considerado de pleno empleo (4.2%), permanece muy por debajo del promedio de 5.7% registrado en los últimos 25 años. Esta solidez del empleo es uno de los factores que sostiene el consumo privado y, por ende, el crecimiento económico.

En el otro lado de la balanza se encuentra un desafío estructural de gran magnitud: el déficit fiscal. Las proyecciones indican que el déficit del gobierno estadounidense alcanzará alrededor del 6.5% del PIB en los próximos dos años. Esta cifra se encuentra muy por encima del rango del 2.0% al 3.0% que se considera prudente.

Un déficit fiscal de esta magnitud implica una necesidad constante de financiamiento, lo que ejerce una presión al alza sobre los tipos de interés a largo plazo y compite por el capital disponible a nivel global. Desde una perspectiva geopolítica, la sostenibilidad de la deuda estadounidense es un factor de riesgo sistémico que los inversores no pueden ignorar.

Activos estratégicos en un mundo volátil: dólar, petróleo y oro

La interacción de estos factores macroeconómicos se reflejará en la evolución de activos estratégicos clave, cuyos movimientos tendrán un impacto directo en las carteras de inversión a nivel mundial.

  • Dólar estadounidense: a pesar de la fortaleza relativa de la economía, las proyecciones para el dólar en 2026 apuntan a una depreciación moderada, contenida en un rango acotado de ±3%. Esta perspectiva sugiere que, si bien el dólar no sufrirá un colapso, su papel como refugio seguro podría verse matizado por el elevado déficit fiscal y la pausa de la Fed.
  • Petróleo: Bulltick anticipa que este año el hidrocarburo retomará una trayectoria descendente. Se proyecta una caída cercana al 5%-6%, impulsada por la moderación del crecimiento global y un aumento gradual de la oferta.
  • Oro: en contraste con el petróleo, las proyecciones para el oro son decididamente alcistas. Bulltick espera que el metal precioso mantenga su tendencia ascendente, con un precio que podría superar los 5,000 dólares por onza. El oro se beneficia de un entorno de incertidumbre y una creciente demanda por parte de los bancos centrales como activo de reserva alternativo al dólar.

En conclusión, el análisis de Bulltick para 2026 dibuja un panorama donde la volatilidad externa, emanada principalmente de las complejas dinámicas de la economía estadounidense, seguirá siendo un factor determinante para los mercados globales.

Para la comunidad inversora, la clave residirá en la diversificación, la gestión activa del riesgo y la capacidad de interpretar correctamente estas señales externas. En este contexto, la experiencia y la filosofía de inversión a largo plazo de firmas como Bulltick se vuelven más valiosas que nunca.