Según han detallado, las maderas más adecuadas para su uso en chimeneas son las procedentes de encinas, robles, olivos o fresnos, ya que presentan un elevado poder calorífico y una combustión más lenta. Además, cuanto más seca se encuentre la leña, mejor será su combustión y menor la cantidad de humo generada.
Por el contrario, los agentes desaconsejan utilizar especies resinosas, como el pino, debido a que producen grandes cantidades de hollín al arder, lo que incrementa el riesgo de que se origine un incendio. Tampoco se recomienda el empleo de combustibles artificiales, como aglomerados o contrachapados, ya que pueden liberar sustancias potencialmente tóxicas.
Para facilitar el encendido del fuego, se aconseja emplear piñas, yescas o pastillas encendedoras. Una vez iniciadas las llamas, se pueden añadir ramas finas y troncos de tamaño medio, aunque nunca deben utilizarse acelerantes como alcoholes o gasolina, ya que suponen un grave peligro. Asimismo, es fundamental asegurarse de que la chimenea quede completamente apagada cuando deje de utilizarse y realizar la limpieza del conducto al menos una vez al año.
Desde el Cuerpo de Bomberos también recomiendan optar por chimeneas cerradas, que evitan la salida de llamas o brasas, y situarlas en espacios despejados, sin objetos cercanos que puedan provocar incidentes.
Por último, recuerdan que las cenizas deben retirarse únicamente cuando estén frías, depositándolas en un recipiente metálico antes de arrojarlas a un contenedor de residuos habilitado.