La luna llena tenía un velo empozado presidiendo una tarde fría de nuestro Madrid, pero yo caminaba encantado porque iba a aprender de la historia de nuestra capital escuchando a un autor que ha hecho posible conocerla sin acudir a ningún oráculo.
Tras la presentación de Francisco Polo Muriel en representación del Museo del Ferrocarril de Madrid, donde nos encontrábamos, y de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles,.en la Sala Maria Cristina ya presentíamos el calor de lo que íbamos aprender.
De Luis Maria hemos oído lo que muchos sabemos. Es un experto en documentación e investigación y sobre este trabajo sobre el Metro de Madrid, durante la guerra incivil, ha buscado la verdad sobre una explosión en la estación de Lista y el reconocimiento de la labor de las mujeres que contribuyeron a que este servicio no parara durante la guerra.
¿Sabotaje o accidente sobre aquella explosión? Y todo envuelto en una enciclopedia de datos, de nombres, llegando a una conclusión documentada que tendréis que descubrir leyendo el libro.
La presentación ha terminado con una serie de preguntas y reconocimientos de la labor de Luis María González.
Y según volvía a mi retiro pensaba en las dos lecciones que nos ha dado.
Hace ocho siglos el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada ya transmitió que, lo que queda escrito permanece. Y por otro lado, nadie muere mientras no sea olvidado.
Y Luis Maria González ha dado fe de ello.