En el reino animal se celebraban fiestas. Entre las actuaciones más populares se encontraba la competición por alcanzar la cima de un palo engrasado. A puro pulso. La prueba, una especie de cucaña, convocaba a lo más aguerrido. Animales acostumbrados a enfrentarse a duelos a muerte. Musculosos, curtidos, fieros.
En la convocatoria se alistó una ranita enclenque. Pálida. En el mundo de los humanos el comentario hubiera sido. ¿De qué va esa?
Cuando le llegó el turno inició su escalada por la vertical resbaladiza. A medida que avanzaba por el palo grasiento, la plaza se llenó de gritos de desaliento. ¿Dónde pensará que va?. Flacucha y tonta. ¿Quién se cree que es?.El remolino de público creció y creció mientras la flacucha alcanzó la meta.
El secreto para no caer en el desánimo?
La ranita era sorda.
Javier Guerrero Guerrero le ha dado la vuelta al cuento zen para reflexionar sobre el éxito. En “Sé abejorro” (ed. Tu Escritor Enterprise) este abogado, fundador de la firma Guerrero & Asociados, te enseña a volar cuando todos “creen que no puedes”. Para ello se inspira en un insecto que desafía las leyes de la física: es rechoncho, tiene alitas muy pequeñas y sin embargo, vuela.
¿El secreto?
No tenía ni remota idea de que no estaba diseñado para volar.
No busques en “Sé abejorro” un libro de autoayuda. El autor ni siquiera dictamina qué es eso del éxito. Para ti puede ser conseguir una jefatura , para mí, quizás, morderme la lengua y no decir una palabra de la que arrepentirme más tarde. Pero si no tienes paciencia para leer las doscientas páginas, te resumo: el éxito nada tiene que ver con la suerte ni con el pensamiento mágico. Es el resultado de la constancia (pág. 104).
Para llegar a esta constatación, Javier ha diseccionado sus 25 años como abogado, su currículum como empresario, los traspiés que ha dado y alguna mala pasada de la naturaleza. Ha llevado todo esto al laboratorio, lo ha mirado a través del microscopio y ha sacado conclusiones.
Aunque en algún momento ofrece un decálogo ordenado de cómo triunfar, lo más valioso es que las fórmulas ya han sido probadas. ¿Cómo? ¿Dónde?.
En todas partes. Guerrero aspira el conocimiento que albergan todos los lugares posibles: los libros, la Academia, los juzgados, en el trato con sus clientes. Va por la vida sacando enseñanzas de aquí y de allí. Donde otros pasan de largo, él recoge el fruto del aprendizaje.
El mundo nano
Lo primero que sorprende del libro es que las recetas para “alcanzar” el éxito (la palabra alcanzar cobra aquí toda intención porque parece que el éxito está en lo alto del palo) parecen muy de andar por casa.
Javier Guerrero tiene especial predilección por las pequeñas lecciones. Por los gestos nimios. De todo eso que puedes encontrar en el mercado, en lo que te cuenta el vecino del quinto mientras subes en el ascensor, en el comentario del taxista. Las claves para el triunfo no están en lo gigante sino en ese mundo “nano”.
La línea del éxito no es vertical, o sí. En cualquier caso está llena de puntos que empiezan en la mañana, cuando te despiertas. A lo mejor si te detienes a oler el café y te entretienes en colocar un cuadro que llevaba semanas desnivelado, en lugar de salir corriendo, pensarás mejor, sonreirás un poco, tomarás mejores decisiones y tu día será mejor.
¿Fácil? Si fuera fácil todo el mundo rezumaría éxito.
Pero Javier, que lo que más odia es la palabra plato porque formaba parte del entrenamiento al que le sometía su padre todas las madrugadas para curarle la tartamudez y que consistía en repetir una lista de palabras-plato entre ellas- a las cinco de la mañana, advierte que las recetas son baratas, técnicamente fáciles, pero hay que pagar: con constancia.
La línea de puntos que debe seguir una mente triunfadora: evitar la rigidez y buscar planes alternativos; romper con la idea de que adaptarse al cambio es rendición; alejarse de la gente negativa y criticona o reinventarse si llega el momento, se recorre a partir de una chispa que te hace ponerte en marcha.
Y aquí es donde la experiencia de este abogado, director de la firma especializada en responsabilidad civil derivada de accidentes de tráfico, marca la diferencia. Reconoce que para llegar al éxito hay que mojarse. No basta con acumular conocimiento teórico ni siquiera fe. Al miedo y la incertidumbre se les vence con acción. Ese será el primer paso que te dará confianza. Lo que llama el “paso del bebé”, un movimiento torpe, pero decisivo.
¿Y si falla el plan A?
-Por eso “hay que adelantarse” y tener el Plan B”
¿Y si falla el B?
- “En nuestra práctica jurídica hemos acompañado a personas que creyeron haber perdido el empleo, reputación, un proceso judicial. Sin embargo, tras ese paso atrás, muchos encontraron su verdadero rumbo”.
Para este abogado que superó la tartamudez, un niño diagnosticado con lo que hoy se conoce como síndrome de hiperactividad y falta de atención, que sufrió un accidente con escasas posibilidades de recuperarse, el éxito es una cuestión de decisión y de aprovechar las enseñanzas que te regala el entorno. Y, y, y de entrenar músculos mal identificados: determinación y constancia.
¿Y si vienen mal dadas?
Kintsugi. Técnica japonesa que consiste en reparar objetos de cerámica, resaltando la rotura, con resina y polvo de oro. Una metáfora del “verdadero éxito”.
“Sé Abejorro”. Ed. Tu Escritor Enterprise
Javier Guerrero Guerrero