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Cuando un instituto de barrio desafía las estadísticas: 'La rebelión de Las Musas'

David Moreno, ex alumno del IES Las Musas, junto a José Antonio Expósito, ex director del mismo centro (Foto: Ángel Bueno ).
Carlota Vergara | Miércoles 15 de octubre de 2025

El lugar donde creces marca el destino académico de miles de jóvenes. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que los estudiantes que viven en distritos con mayor renta per cápita tienen hasta cuatro veces más probabilidades de acceder a la universidad que los de barrios obreros. Las posibilidades de acceso a los estudios universitarios se duplican o se hunden según el barrio donde se viva, un patrón que se ha mantenido casi inalterable durante décadas. Asimismo, en España, tres de cada cuatro hijos de personas con estudios superiores logran alcanzar ese mismo nivel educativo, mientras que solo el 30 por ciento de quienes provienen de padres que no completaron la ESO consigue hacerlo.

Bajo este contexto de desigualdad, una excepción ha ido abriéndose paso. El IES Las Musas, ubicado en el distrito de San Blas, es un centro educativo público que ha conseguido durante años situar a sus alumnos en lo más alto de las estadísticas de acceso universitario. La media de las pruebas para poder acceder a estudios oficiales de grado es cercana a un notable alto y en la última década algunos de los 1.200 alumnos que han pasado por las aulas de la universidad han obtenido las mejores calificaciones de toda la Comunidad de Madrid. “En los últimos diez años hemos mandado a la universidad a 1.293 alumnos. Ha suspendido solo uno”, ha recordado José Antonio Expósito, ex director del centro, con una mezcla de orgullo y serenidad. “Y no solo es la cantidad: es la calidad. Tuvimos a un alumno que quedó número uno de toda la Comunidad de Madrid, entre más de 40.000 estudiantes. Y años después, otro quedó segundo. Hemos sido cuatro veces los primeros en la Politécnica”.

Esta narrativa no constituye sólo un puñado de alumnos brillantes, sino que es también una forma de entender la enseñanza pública como motor de igualdad real. También es el punto de partida de ‘La Rebelión de Las Musas’, el libro en el que José Antonio Expósito ha querido contar cómo se gestó una pequeña revolución educativa.

José Antonio Expósito, ex director del IES Las Musas, sosteniendo su publicación

Los resultados, sin embargo, no se han entendido como una colección de marca académicas, sino como una consecuencia de un enfoque educativo que se propuso desde el principio para “humanizar la enseñanza”. El ex dirigente, ya jubilado, ha insistido en que la clave no fue la selección de un alumnado excepcional, sino la creación de un ecosistema que empujara a cada estudiante a alcanzar su potencial.

Cuando uno entra al Instituto de Educación Secundaria Las Musas no hay pasillos de mármol, paredes de gotelé ni uniformes aunque sí un ambiente que algunos describen como una segunda casa. “Desde primero de la ESO hacíamos actividades, viajes o intercambios”, ha manifestado David Moreno, ex alumno del centro y hoy estudiante de medicina en la Universidad Complutense. “El ambiente era muy cercano. Los profesores sabían qué te pasaba y se preocupaban de verdad”, ha contado el chico de 19 años.

“El ambiente era muy cercano. Los profesores sabían qué te pasaba y se preocupaban de verdad”

Esa proximidad no es casualidad. Durante sus años como director, Expósito y su equipo apostaron por “re-humanizar” la escuela. Un concepto que incluye actividades anómalas en un instituto como viajar con los alumnos, jugar al fútbol con ellos, compartir meriendas y barbacoas o salir al teatro. “Cuando un alumno siente que su profesora se ha portado bien con él, no quiere fallarle”, ha explicado. “Se esfuerza por sacar buena nota, no solo por la nota en sí, sino por no defraudar a esa relación de confianza”, ha trasladado el docente a este periódico en el laboratorio de física y química del centro de secundaria.

“Cuando un alumno siente que su profesor se ha portado bien con él, no quiere fallarle”

Lo mismo ocurre con el profesorado. “Aquí no somos solo compañeros, somos amigos. Nos conocemos las familias. Eso genera un ambiente de colaboración y de implicación enorme”, ha descrito el ex director, contando asimismo que ese espíritu colectivo fue decisivo para construir un proyecto sólido.

En el libro 'La rebelión de Las Musas', el autor ha recorrido las décadas en las que el instituto se transformó de un centro de barrio en un referente educativo. Expósito, filólogo de formación y ex investigador de poesía del siglo XX, asumió la dirección con un objetivo muy claro: demostrar que la escuela pública podía ofrecer una educación de calidad al nivel de los mejores centros. “No me conformaba con que un instituto de barrio tuviese que asumir un papel secundario”, ha relatado. “Si yo quería traer a mi hija aquí, tenía que ser un centro excelente. Y si no, había que transformarlo”, ha comentado con convicción. Además, la transformación no se limitó a lo académico, También fue estética y emocional. Se renovaron espacios, apostando por la belleza del entorno porque “ si generas un entorno amable, es mucho más fácil que florezca la innovación”.

La desigualdad educativa es también una cuestión de horizontes. Algunos estudiantes perciben la universidad como un territorio lejano, casi ajeno, sobre todo cuando sus padres no han pasado por ella. “Aquí muchos no tienen esa referencia. Por eso trabajamos para que sientan que es posible”, ha subrayado el escritor de la obra. David Moreno es un ejemplo de ello. Hijo de un taxista y de una madre que cursó Formación Profesional, hoy estudia Medicina. Sin embargo, su historia no es la excepción; decenas de alumnos de Las Musas llegan a carreras muy exigentes, sin haber tenido referentes universitarios en casa. La clave, ha contado Expósito, se centra en “crear cultura de universidad” desde los primeros cursos.

David Moreno y José Antonio Expósito

Uno de los programas más singulares del instituto es el aclamado Bachillerato de Investigación. Cada año, unos 40 alumnos de 16 y 17 años eligen de manera voluntaria dedicarse a desarrollar un proyecto de investigación real. “Eligen un tema que les apasiona (física cuántica, electromagnetismo, arte, biología) y trabajan con un tutor interno y con un investigador de centros punteros como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas o el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial”, ha detallado Expósito.

"Trabajan con un tutor interno y con un investigador de centros punteros"

David Moreno eligió la medicina como área de trabajo. Bajo la supervisión de una investigadora de la Universidad Complutense de Madrid realizó una investigación sobre cómo la sepsis afecta a la retina en modelos animales. El trabajo acabó presentado en un concurso nacional, y parte de sus resultados contribuyeron a una línea de investigación real. “Pasar de cuarto de ESO a un laboratorio fue un salto brutal. Al principio estaba perdido, pero aprendí a investigar de verdad”, ha recordado el ex alumno de Las Musas y vecino del barrio. Por su parte, el ex profesor ha explicado a Madridiario las ventajas que aporta una iniciativa como esta. “Cuando llegan a la universidad, ya saben formular hipótesis, redactar artículos, hacer bibliografía o exponer en público”, ha dicho Expósito. “Por eso, cuando a un alumno nuestro le ponen un trabajo en primero de carrera, ya está preparado”, ha asegurado.

Cada año, todos los proyectos se recogen en un libro colectivo con ISBN. Para casi todos es su primera publicación científica. “Cuando les damos el libro en las manos, ves el orgullo. Sienten que su trabajo vale”, ha añadido.

Contra la tasa de abandono escolar

La excelencia ha definido el paso de algunos alumnos por el IES Las Musas; sin embargo, en este centro educativo no sólo hay programas para quienes quieren investigar sobre campos más complejos. También crearon la figura de “mentores” para quienes tropiezan con lo más básico. “Cuando un alumno de primero de la ESO repite curso, muchas veces queda marcado. Cambia de grupo, se desengancha y acaba abandonando”, ha matizado el ex profesor. Por eso, para evitar esa casuística, el instituto creó un programa de mentorización que consiste en el acompañamiento por parte de un profesor a dos alumnos con dificultades durante todo el año. “Es como un profesor particular dentro del propio centro”, ha explicado Expósito. “El objetivo no es que esos chicos saquen sobresalientes, sino que no se hundan. No esperamos milagros. Pero si lanzas un flotador, muchos se agarran”, ha concluido.

“El objetivo no es que esos chicos saquen sobresalientes, sino que no se hundan. No esperamos milagros. Pero si lanzas un flotador, muchos se agarran”

Otras de las particularidades del proyecto ha sido aprovechar al máximo la autonomía del centro prevista por la normativa educativa. Eso ha permitido implementar medidas como las asignaturas cuatrimestrales, que reducen el número de alumnos por profesor; reforzar idiomas como el francés; o multiplicar las actividades internacionales como la expedición a la Amazonía ecuatoriana.

La creación de un programa de mediación, pionero hace más de una década, hace énfasis en la construcción del diálogo. “Cuando hay conflictos, enseñamos a resolverlos con la palabra”, ha contado el exdirector. “Un mediador ayuda a que las partes dialoguen. Es una herramienta para su vida laboral, familiar y personal. La palabra es el arma más poderosa”, ha repetido Expósito en varias ocasiones.

Expósito no buscó ser director. Llegó al cargo tras una carrera académica centrada en la filología y la poesía del siglo XX, con investigaciones sobre autores como Antonio Gamoneda y Juan Ramón Jiménez. “Fue algo accidental. Pero cuando asumes la responsabilidad de una escuela, no puedes hacer las cosas a medias”, ha afirmado. En su etapa al frente de Las Musas, fue moldeando un proyecto que hiciera sentir orgullosos a aquellos estudiantes que pertenecían al instituto público del barrio. David Moreno confirma que percibe la gran diferencia años después. “En la universidad, muchos profesores ni saben quién eres. Allí éramos personas, no números. Sentías que importabas”, ha concluido.

En un país donde el abandono escolar temprano es uno de los más altos de Europa y donde la educación concertada concentra cada vez más recursos, la historia del IES Las Musas resulta esperanzadora.“Si renunciamos a la calidad en la escuela pública, estamos perdidos. Hay que demostrar que se puede”, ha advertido Expósito.

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