Uno de los problemas más recurrentes en el rendimiento de los cultivos de la Comunidad de Madrid es la depredación de aves y otros animales, que diezman la producción en determinadas zonas agrícolas. Por este motivo, el Gobierno regional ha puesto en marcha una innovadora iniciativa que ha generado un prototipo de aparato auto tripulado con el fin de mejorar el rendimiento de los cultivos y hacer frente a esta problemática a la que se enfrentan los agricultores.
La apuesta tecnológica del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (Imidra), organismo público de investigación de la Comunidad de Madrid, consiste en un modelo de utilidad basado en drones autónomos, sensores y sistemas de análisis de datos que protegerá las cosechas de los agricultores madrileños como la del garbanzo, que han reducido su producción de manera significativa cada verano por la ofensiva de las palomas. La aplicación de esta tecnología podría ser un mecanismo para su protección: “La idea ha sido combinar drones con sensores láser que, en el momento en que una bandada corta el haz, envían una señal. Esa señal activa al dron, que vuela hacia la zona y ahuyenta a los animales con luces o sonidos. Así hemos evitado falsos positivos y hemos mejorado la reacción”, ha precisado David Mostaza, ingeniero e investigador del organismo público.
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A pesar de que el origen de esta propuesta se ha encontrado en la demanda de la cooperativa agrícola de garbanzos de la zona oeste de la Comunidad de Madrid, el empleo de esta herramienta puede utilizarse en distintos tipos de cultivos, desde los herbáceos hasta los frutales. Aún así, el experto ha trasladado a Madridiario, que los cultivos extensivos son “especialmente vulnerables” porque ocupan parcelas muy grandes y desdibujadas. En esos escenarios, los sistemas tradicionales como espantapájaros, redes o artefactos de ruido no han resultado eficaces. “En parcelas de 2, 3 o 10 hectáreas, dispersas por toda la zona, no hay manera de ahuyentar a las aves”, que son “el mayor problema”.
“En parcelas de 2, 3 o 10 hectáreas, dispersas por toda la zona, no hay manera de ahuyentar a las aves”
El modelo que la Comunidad de Madrid ha registrado ha consistido en la integración de varias tecnologías ya disponibles. Por un lado, los drones se han diseñado para funcionar de manera autónoma (con placas solares y protegidos por pequeñas estructuras para autogestionarse). Por otra parte, se han instalado sensores capaces de detectar cambios en la radiación solar, la temperatura, el viento o la presencia de aves en la zona. El sistema, además, se ha complementado con cámaras multiespectrales, que van a permitir a los agricultores observar el estado real de los cultivos. “Con imágenes multiespectrales hemos podido detectar si una planta ha mostrado estrés, falta de nutrientes o la presencia de enfermedades. A simple vista todo parecía verde, pero las cámaras han mostrado diferencias invisibles para el ojo humano”, ha comentado el investigador.
"Las cámaras han mostrado diferencias invisibles para el ojo humano”
En este sentido, esta patente que aún no se ha desarrollado industrialmente, ha tenido un doble impacto. Soluciones inmediatas a los agricultores que han sufrido pérdidas en la producción así como la creación de un precedente en la aplicación de inteligencia artificial y drones en la agricultura madrileña. La capacidad de los drones de realizar vuelos programados, capturar imágenes y enviar datos en tiempo real ha supuesto un cambio en la forma de gestionar explotaciones agrícolas. “Hemos combinado tecnologías existentes para dar un paso más en la protección de los cultivos. Lo importante es que hemos puesto las bases para que otros agentes puedan desarrollar el modelo y que los agricultores tengan nuevas herramientas para enfrentarse a los depredadores y a los retos de producción”, ha concluido Mostaza.
Los propios agricultores han confirmado la magnitud del problema, que afecta a los cultivos de garbanzos en la Comunidad de Madrid. Desde la Asociación Garbancera de Madrid, han asegurado que tienen “un problema muy grave con las palomas, que cuando están madurando los garbanzos vienen y se los comen”. La dependencia de la caza para proteger las cosechas resulta limitada, ya que la defensa con escopetas depende de los cazadores, que “a veces no están”. Este motivo deja los campos vulnerables durante periodos críticos de maduración.
"Es como si te robaran el sueldo”
Ante estas dificultades, la asociación ha explorado alternativas tecnológicas. “Probamos con los drones, pero a veces tienen problemas de permiso o necesitas un piloto. Es complicado”, han manifestado. Por ello, esta agrupación alimentaria estudia, además, la implementación de vehículos terrestres autónomos como complemento a los sistemas aéreos que garanticen una protección constante y eficaz de los cultivos frente a las aves.
La gravedad de las pérdidas ha llevado a los agricultores a buscar soluciones inmediatas. “Hay años que puede ser hasta el 80 o 90 por ciento. Los guisantes me los han comido el 100 por ciento algún año. Es como si te robaran el sueldo”, han relatado los agricultores. Estas cifras reflejan la urgencia de implementar medidas innovadoras y sostenibles para preservar la producción de legumbres en la región y asegurar la continuidad del garbanzo madrileño tradicional.