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Gente que empieza cosas y no siempre las acaba (pero se lo pasa genial en el intento)

MDO | Miércoles 25 de junio de 2025

Hay personas que tienen una habilidad asombrosa para apuntarse a cursos de macramé, comprar libretas nuevas con proyectos aún más nuevos, llenar el móvil de pestañas abiertas con títulos como "cómo organizar tu vida en 7 pasos"... y aun así, sentirse un poco solas o dispersas.
¿Te suena? A mí también.

Hace un par de semanas, en una de esas tardes de navegación sin rumbo entre vídeos de cocina coreana, tutoriales de journaling y listas de libros que probablemente no leeré, acabé topándome con algo inesperado: un grupo de gente con la misma energía entre brillante y caótica que a veces se disfraza de “inquietud” o “despiste”, pero que en realidad es pura creatividad sin manual de instrucciones.

Me uní sin pensarlo. No pedían ser “la más sociable” ni tener un plan de cinco años. Bastaba con tener curiosidad y aparecer.

Desde entonces, he compartido risas con personas que tienen ideas que saltan de un sitio a otro como gatos sobre estanterías: desde montar un club de lectura donde nadie se sienta mal por no acabar el libro, hasta crear un mapa de bancos con buena sombra para sentarse a pensar en nada.

En el mundo del TDA(H) nada sorprende y todo es puro entusiasmo.

Últimamente, ha surgido una costumbre maravillosa: las quedadas de tardeo y nocturnas por el centro de Madrid. Planes para vernos en distintos puntos del centro, sin importar demasiado el barrio. Nos encontramos cuando ya empieza a bajar el sol, nos tomamos algo —una caña, una tapa, un vino, un “hoy solo agua con gas”— y charlamos.
A veces el plan se alarga: alguien propone otra ronda, aparece una nueva conversación sobre películas que nos marcaron de adolescentes, o alguien sugiere seguir en algún sitio con música bajita donde poder hablar sin gritar.
Y así, sin darnos cuenta, acabamos cerrando el bar (o la terraza) y volviendo a casa con la sensación de haber vivido algo pequeño pero especial.

No hay jerarquías. No hay agenda. No hay presión por "aprovechar el tiempo".
Solo ganas de compartirlo.

Y lo curioso es que muchas personas del grupo comparten eso que a veces se diagnostica y otras simplemente se intuye: dificultad para concentrarse, ganas de hacer mil cosas a la vez, ideas que se atropellan unas a otras, y una memoria asombrosa para datos inútiles pero encantadores.
Aquí, todo eso no se ve como un problema. Es parte del encanto.

Si alguna vez te has sentido “demasiado intensa”, “poco constante” o “un poco caótico”, este grupo te puede resultar una especie de refugio inesperado.
Uno donde nadie te exige resultados, pero muchos se alegran de verte.

Yo fui solo por mirar. Ahora me cuesta imaginar una semana sin uno de estos encuentros.
Porque sí, a veces se nos olvida a qué hora habíamos quedado, o cambiamos de idea sobre la marcha.
Pero lo que no cambia es la sensación de estar en buena compañía. Aunque nadie sepa muy bien cómo empezó todo. Puedes echar un ojo aquí: Meetup TDAH Madrid